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domingo, 18 de noviembre de 2018

El gran cambio (Bautista Fusto)


Cuentos de ciencia ficción

El gran cambio 

 24 de octubre de 2013.Buenos Aires, Argentina
Día nublado. Seguramente llueva. Caminaba como si fuese pleno verano. Yendo a trabajar: nada fuera de lo común. Como de costumbre, pasé por el almacén de siempre. Desde ese entonces, las cosas no fueron tan normales. No di importancia, no era gran cosa, todos tenemos nuestros días. Llegué al trabajo. Mi compañero, como era ya costumbre, con su cara de infeliz, reflejando su mal humor. Lo saludo. Día normal de trabajo. Saliendo ya. Un día como cualquier otro pero, como ya había pasado, sentí que algo no cerraba y bueno, obviamente, lo pasé por alto.

28 de octubre de 2013. Mendoza, Argentina
Probablemente se pregunten: “¿Qué hace ahí?”. Bueno, pedí franco. Aproveché la semanita para venir a ver a mi vieja. Sí, a mi mamá. Como no siempre puedo verla dije “Bueno, ya está. ¿Cuánto hace que no la veo?”. Y no veía por qué no visitarla. Llegué. Mamá con todo: mates, facturas, pan, todo. Era muy normal de mamá, eso. Una vez acomodado, empecé a ver la tele. Mamá cocinaba. Cuando agarré el noticiero, lo dejé ya que no había nada. Además, estaban hablando de donde era yo. Me llamó la atención ver que todo lo que yo pasaba por alto tomaba un rumbo, empezaba a tomar sentido. Lo que vi raro tenía demasiado sentido. Me invadió la curiosidad y quería saber qué era lo que pasaba. Tampoco quería dejarla colgada a mamá. Bueno, me quedé la semanita.

4 de noviembre de 2013.Buenos Aires, Argentina
Ya en casa, no veía la hora de saber qué pasaba, estaba cansado. Ese día me quedé en casa, comí algo así nomás y me acosté. Todo con los nervios y la curiosidad. Lunes, bien temprano, ya arriba. Me puse a leer el diario y fue justo cuando ya era obvio que las cosas no estaban bien. No leí a fondo la noticia pero algo pasaba y quería saber qué. Salí de casa, pasé por el almacén de siempre, pero estaba cerrado. Esta vez sí le di importancia porque era raro que esté cerrado. Caminando le pregunté a un vecino si no sabía qué pasaba. Se quedó helado, mirándome como si fuera una pared. Las cosas se tornaban muy raras, no entendía nada. Llegando a mi oficina vi que prácticamente la fábrica estaba cerrada. Esto no puede ser. Fui corriendo a casa. Mirando la tele, en el noticiero, vi que toda la zona donde vivía había sido evacuada por amenazas que venían de un lugar desconocido. Ese momento me dejó en shock, miedo, nervios, inquietud, todo junto me invadió. No pensé y actúe, corrí por todos lados pidiendo ayuda, grité por todos lados. Ni una señal de vida. Tenía miedo. No sabía qué hacer.
Volví a casa. Supuse que de quedarme ahí estaría seguro. Con todo lo que sentía me era imposible dormir pero, de a poco, se  fue y pude al menos relajarme.

Al día siguiente.
Me desperté. Hoy sí que tardé. Estaba muy cansado aún con lo poco que había dormido. No tenía pensado ir a trabajar, pero sí salir a buscar algo. Junté coraje y valentía y salí. Dejé de lado el miedo y caminando, tranquilo. Vi que estaba todo normal: el almacén abierto, los vecinos hablaban ¿Pero? Ayer esto era todo. Yo, loco no estaba y como yo sabía que nada andaba bien, me tomé el tiempo de preguntarle al vecino qué pasaba. Cuando lo saludé, él simplemente me dijo: ”Holograma no identificado”. Sonaron sirenas, parpadearon luces y todo me llenó de miedo. Corrí sin saber adónde iba, sólo quería alejarme. Saltando un paredón, tropecé con unos cajones y me caí. Lo último que me acuerdo fue que el golpe dolió mucho.

Fecha: no sé. Ubicación, menos.
Está de más decir que el miedo se hacía presente en mí, mucho más sabiendo que nada estaba bien. Logré abrir mis ojos y ver a mi alrededor. Nada era familiar. Se escuchaban gritos, golpes, pedidos de auxilio, hombres, mujeres, chicos y chicas, llorando. Esto no está nada bien.
Una vez que tuve noción de dónde estaba, una especie de celda, me puse a ver a mi alrededor y pude ver que claramente no estaba sólo. Alto, pelo largo, voz gruesa y apariencia de vagabundo, se asomó un hombre. Sin saber qué pasaba, morí del susto. Él me dijo: “No soy a quien le debes temer, chico". Aún con miedo, pregunté quién era. Dio un paso hacia adelante y ya nada tenía sentido. Era mi vecino, el que no hablaba, el que cuando pregunté qué pasaba, simplemente me miró con una mirada fría y escalofriante. Asustado, pregunté qué hacía ahí conmigo. Me explicó todo, cada detalle. Lo que estaba pasando era que la amenaza había sido por parte de seres desconocidos que tomaron la tierra como punto para crear su nueva colonia. Todo esto aseguraba él. Yo, sin entender nada, tomé eso con seguridad porque él tenía pinta de no estar desde el mismo tiempo que yo ahí. Le pregunté cuánto tiempo hacía que estaba acá él. La respuesta fue una cosa de no creer: 27 años eran los que él había estado ahí. Mi cabeza explotó. Nada cuadraba. Me pregunté por mamá. Obviamente, sin respuestas.

Horas después…
Tenía hambre. Supuse que hace 27 años que no comía pero, de ser así, ¿qué hacía vivo. Le pregunté a mi vecino que si él comía. Me respondió que sí, que siempre a cierto horario daban algo para comer. Me dijo que abrían las celdas y ordenadamente sacaban a la gente a comer. Le pregunté: “¿Quiénes las sacan?”. Me respondió con cara de miedo, impresión y algo de timidez, pensando que no iba a creerle. Ellos, los malditos que nos tienen así. “¿Quiénes?”, le pregunté. “Míralos con tus propios ojos”, respondió. Eran súper altos, tenían cuerpos con figuras humanoides y su idioma era imposible de entender. Con terror y miedo sólo seguí a las persona delante de mí. Una vez en donde se nos daba la comida, logré muy a lo lejos ver lo que parecía ser mamá. No pensé en lo que podría pasar y corrí hacia ella. Mi grito fue muy reconocible. Sin dudarlo, se dio vuelta y corrió hacía mí. Como era de esperarse, unos con más dudas que otros, nos preguntábamos qué pasaba. Dos de los fenómenos se nos acercaron y nos llevaron a un cuarto mucho más grande que aquel en el que estaba yo antes. Se escuchaba una voz ronca, muy gruesa. Ésta sí se le entendía. Mamá, llena de miedo, abrazada a mí, sólo rogaba que todo terminara. Verla a mamá así era lo que más me fastidiaba. No me importó nada y empecé a golpear todo con el simple fin de que, quien sea que fuera el que hablaba, me escuche. Todo fue exitoso porque lograron escucharme. Se abrieron las puertas de la celda y sin miedo enfrenté a quien suponía era el de la voz.
 –¿Quién eres y que quieres de nosotros? -le grité sin miedo de  saber qué podría pasar.
El con su fija mirada en mí, se acercó y me dijo:
 –Tienes coraje.
Sin importarme, le pregunté por qué nos tenía así. Explicó que tenía el plan de colonizar la tierra y destruir a los humanos. Esto me sacó mucho peor, pero, esta vez, pensé y dije:
 –¡No lo hagas!
Fue justo cuando me dijo que vio el coraje en mí y decidió darme una chance.
 –Viendo tu coraje y valentía, estoy dispuesto a darte una oportunidad para salvar a tu pobre mundo -dijo sin sacar mirada de mí.
Acepté, obviamente. Él me dijo que esto consistía en una prueba que iba a dejar en claro si era capaz de que mi valentía y coraje puedan salvar al mundo. Me indicó que el reto era una especie de arena y que iba a ser una simple lucha. De ganarla, seríamos libres.

Tiempo después de lo sucedido…
Se me había otorgado el poder elegir un arma para poder pelear. Llegando al lugar en el cual iba a seleccionar mi arma, llegó mi vecino desesperado y agitado:
 –¡Elige bien tu arma, no es cualquier bestia! -dijo.
Esto me inquietó un poco e hice caso a la indicación.
Una vez en la arena de batalla…
Todo era raro. El aire, el cielo e incluso los alrededores, todo formaba parte del plan de colonizar la tierra. Ya a nada de empezar el combate, se escuchaban fuertes, enormes y pesados pasos. No me gustó para nada. Al poco tiempo, se asomó una sombra gigante con apariencia a un dinosaurio. Y sí… Era imposible de creer: un gran dinosaurio. Dio arranque el combate. Nada me importaba. El miedo no era rival contra mí y sin más que pelear, comencé a darle por todos lados. Ya pasados unos minutos, no podía más. Estaba muy cansado y ya sin aliento. Se escuchó a lo lejos:
 –¡Su punto débil es el pecho!
Sí,  era mi buen vecino. Rápidamente, ataqué a esa parte y lo único que quedaba por hacer era ver cómo caía la bestia y todo el mundo impresionado.
Luego de la batalla…
“Bien hecho humano, es increíble y a la vez frustrante ver cómo derrotaste a mi bestia. Ahora sí tengo el honor de concederte tu tierra y sin nada que decir, marcharme”. Todo se había acabado. Era el fin de la terrible colonización de la tierra.
Después de todo esto, se nos concedió la tierra de nuevo. La especie humanoide que quiso terminar con la tierra se marchó.  La tierra quedó sana y salva.

(Por Bautista Fusto, de 3°1°)


jueves, 8 de noviembre de 2018

Recuerdos (Sebastián Ceballos)

Cuento de ciencia ficción

Recuerdos

  “Wind Cap” era un pueblo donde las personas vivían aterradas por misteriosas muertes y desapariciones ocurridas en los años 80.
En 1976, un hombre, harto de su familia y su pueblo, decidió ganar dinero suficiente como para irse y olvidarse de todas esas asquerosas personas, incluyendo su esposa. Su idea era inventar algo nuevo, algo que no se haya visto antes. Y aunque fracasó, se fue de todas formas, dejando a su esposa y a su hija. Nunca volvió, lo tomaron como desaparecido, dos semanas después, ya que nadie lo vio salir del pueblo. Desde ese día, las personas comenzaron a desaparecer sin dejar rastro.
-Todavía no sabemos qué es lo que causa todo esto. Les pedimos que por favor que mantengan la calma mientras investigamos. Muchas gracias.
Así fue como el alcalde dio la noticia a Wind Cap y, como cualquier persona corrupta, él no pensaba en su pueblo. Por lo cual las desapariciones eran cada vez más frecuentes.
Durante el entierro de Jessica Jefferson, quien murió de leucemia a los 11 años, su madre, Jerry Thomson, notó en la lápida del padre de Verónica Marsh una fecha distinta a la de su muerte, aunque no le prestó mucha atención por la pérdida de su hija.
El padre de Verónica murió de un paro cardiaco a los 68 años. Pero según la lápida, las personas y hasta su maltratada esposa, Mery, dicen que se suicidó a los 47 años, antes de tener a Verónica, pero Mery afirmó no conocer ese nombre.
Jerry se dio cuenta de que algo no andaba bien. Quedaban pocas personas en Wind Cap y el alcalde ya no sabía qué hacer. Dijo que, si esto seguía así, el pueblo quedaría vacío el año siguiente. Desde ese momento, el alcalde comenzó a preocuparse por su pueblo.
Por la pérdida de su hija, Jerry comenzó a recordar a su esposo, a quien ella creía haber visto en varias ocasiones, más que nada en el sótano donde se encuentra todo lo de él. Ella afirmaba que era solo su mente. Por eso, esta vez, bajó al sótano y revisó todo acerca de su esposo, mientras su rostro sin vida la miraba fijamente.
En una caja estaba escrito “Philip Jefferson” y dentro había miles de planos con dibujos y escrituras que a ella le parecían extraños.
En el fondo de la caja encontró dos cintas de su esposo:
1° Cinta: “estoy harto de todas las asquerosas y repugnantes personas que viven en este maldito pueblo. Planeé irme de este lugar desde hace tiempo, pero se me ocurrió algo mejor.
Planeo hacer desaparecer a cada persona de este mugroso lugar, y sé cómo hacerlo sin ser atrapado”.
2° Cinta: “Decidí inventar una máquina que, a través de los recuerdos, pueda viajar por distintas fechas temporales. Claro que solo podré viajar al pasado, pero valdrá la pena”.
Philip secuestró a cada anciano del pueblo y los utilizó en su máquina para asesinarlos antes de tener a sus hijos.
En Wind Cap ya nada se pudo hacer, cada persona del lugar dejó de existir sin dejar rastros.
La última persona que utilizó fue su madre, para viajar a la fecha donde vio por última vez a su padre. Philip tan solo tenía 10 años cuando su papá falleció. Fue antes de su 11° cumpleaños, él lo recordaba muy bien. Estaba lloviendo, su madre, con un vestido amarillo muy llamativo, lo sujetaba y lo abrazaba como si estuviera abrazándose a ella misma. Su padre estaba acostado con un suero y los enfermeros, rodeándolo como una manada de lobos tratando de agarrar lo que podían de aquel pequeño conejo, débil y ya sin vida. Philip, en ese momento se arrepintió de haber cortado el cable del oxígeno y, sin pensarlo dos veces, decidió saltar de aquel balcón, donde murió el 18 de febrero de 1949.

(Por Sebastián Ceballos, de 3°1°)

miércoles, 7 de noviembre de 2018

El problemático viaje al futuro

El problemático viaje al futuro

En el año 2089, en New York, un par de científicos llamados William Jouse y Amadeo Armando querían viajar al futuro para ver cómo había evolucionado su creación: un robot que cumplía funciones como ayudar a ancianos, a niños, etc. . Para eso, deberían construir una máquina del tiempo.
Buscaron todo lo que necesitaban para construir su nave, con mucho esfuerzo y trabajo. Días después, la máquina estaba casi lista, pero faltaba un pequeño detalle: necesitaban una planta de energía que hiciera que la máquina del tiempo encendiera y pudiera viajar al futuro. Pero la planta estaba casi extinta, así que el viaje al futuro demoraría más de lo planeado. 
A la mañana del otro día decidieron ir en busca de esa planta. Fueron a Nigeria, lugar donde se habían visto por última vez. Buscaron por todas partes, por mar y tierra pero no lograron encontrar ninguna planta.
 Mientras volvían a la gran ciudad sin su planta de energía,  decidieron mandar a informar por radio local que la necesitaban.  Al llegar, se encontraron con un hombre que era propietario de una planta de energía. El hombre dijo que se las daría sin algún problema, pero había una condición, que los científicos le tenían que construir un robot para él. No hubo ningún problema: se lo construyeron muy rápido y así, el señor les entregó la planta para que los científicos pudieran hacer su viaje.
Ya con la planta de energía lista, los científicos partieron hacia el futuro en su máquina para rencontrarse con su robot Hervie .
Una vez en el futuro, tenían que ubicar al robot y eso les iba a tomar días.
Así que los científicos construyeron un rastreador de robot para encontrar a Hervie. 
Pasó un día y por fin lograron ubicarlo, viajaron hacía él y una vez que llegaron, de inmediato Hervie se dío cuenta de que estaba enfrente de sus creadores. Ellos estaban muy felices al reencontrarse, compartieron unas copas y luego de un rato, los científicos volvieron a su tiempo.

(Curso: 3°1°)

Alienígenas en la Tierra (Evelyn Pacheco)

Alienígenas en la Tierra

Isaías era un nene de 10 años que desde chiquito miraba dibujos de alienígenas. A medida que fue creciendo, deseaba ser uno de ellos. Su mamá le decía que no iba a poder convertirse en un alienígena porque esas cosas no existían.
Pasaron dos años e Isaías seguía con la intención de ser un extraterrestre. Un día él estaba muy entretenido mirando la tele y vio que la NASA anunció que los extraterrestres estaban cerca de nuestro planeta. Muy entusiasmado fue a contarle a su mamá que su sueño podría ser realidad. Ella, muy enojada, le dijo que dejara de ver esas cosas, porque nada de eso iba a pasar jamás. Fue corriendo a la pieza de Isaías y le rompió todos los posters, revistas,  películas y su play de los extraños alienígenas. Isaías se enojó mucho con su madre y escapó, pero no tenía adonde ir y no buscó mejor solución que quedarse abajo del puente.
Se puso a mirar las estrellas y vio que una brillaba mucho e hizo que se le pusieran los ojos con lágrimas. Le parecía todo muy extraño, el anuncio de la NASA y la estrella brillante. Pasaron dos días y su mamá no sabía nada de él, hasta que decidió volver a su casa.  Una semana después, Isaías volvió al puente para observar las estrellas y vio que la estrella brillante seguía ahí.
La NASA volvió a anunciar que los extraterrestres podrían aparecer en cualquier momento. Por lo tanto tenían que estar todos refugiados. La mamá de Isaías tenía mucho miedo, pero como él sabía mucho de ellos, no temía.
Llegó el día y llegaron los extraterrestres. Todos estaban tristes menos Isaías. Él estaba feliz de verlos.
Los alienígenas bajaron de su OVNI y dijeron que venían en son de paz a buscar al elegido. Toda la gente, asombrada, se miraba entre sí, preguntándose quién serÍa el elegido. Cuando nombraron el nombre "Isaaliens" (ese nombre tenía puesto en el juego de la play), ellos dijeron que se comunicaban con Isaías por ahí, y veían absolutamente todo. Nadie creía lo que estaba pasando.  Isaias quedó asombrado, creía que su sueño se estaba por cumplir.
Como todos pensaban que ellos querían acabar con los humanos, empezó una guerra. Entonces, los extraterrestres empezaron a llevar gente a planetas distintos, hasta que   también agarraron a Isaías y a su madre. A los dos los mandaron por caminos diferentes, acabaron con todos los humanos, separaron familias, etc.
Y así fue como acabó todo, Isaías se fue con los Alienígenas y su mamá, muy triste, a otro planeta.
Al pasar el tiempo, en el planeta donde le tocó vivir a la madre de Isaías, había muchas necesidades y era maltratada por personas que habitaban  desde antes.
Por otro lado, Isaías estaba muy bien con los Alienígenas. Pero presentía que algo andaba mal. Pidió ayuda a los extraterrestres y les preguntó si se podían contactar con su mamá.
Al comunicarse con su madre, logró ayudarla, sacarla del planeta y llevarla con él.
Los alienígenas nuevamente los recibieron con mucha paz. La madre no podía creer que todo de lo que hablaba Isaías de los extraterrestres era verdad.
Finalmente, él y su mamá vivieron una vida feliz y sana.                 

(Por Evelyn Pacheco, de 3°1°)

Un viaje al futuro (Solange Roldán)

Cuento de ciencia ficción:

Un viaje al futuro

Era un día especial para Martín, era su último día de clases. Estaba emocionado de que las clases terminen.
En este último día, sus compañeros y profesores se estaban despidiendo en las horas de clases, ya que no se iban a ver más, pero Martín solo quería irse. Él ya estaba cansado de la misma rutina de siempre y solo quería descansar. Le daban igual las despedidas de las personas de su colegio porque no les tenia afecto, solo iba a estudiar.
Martín era un niño muy comprometido con sus cosas y deberes. Era un niño que se podría divertir con cualquier cosa, con una gran imaginación y su alegría hacía feliz a cualquiera.
Al terminar la hora, todos los niños estaban contentos, guardando todas sus cosas para ir a sus casas. Tocó el timbre y todos salieron a sus transportes. Martín subió tranquilo y se sentó para pensar en qué hacer cuando llegue a su hogar. Estaba todo muy normal, hasta que de repente se escuchó un gran ruido como si hubieran chocado contra algo. Todos estaban paralizados y asustados a la vez. Se empezaron a alterar porque querían saber qué estaba pasando.
Al salir del transporte, en el medio del camino, vieron a una nave futurística, ovalada y con una forma un poco rara. Entonces se abrió una puerta de donde salieron tres hombres con unos trajes extraños. Tenían una tableta en la mano y empezaron a hablar:
-¡Hola, personas del pasado! Nosotros venimos del futuro. No venimos a hacer daño a nadie, solo queremos a una persona: Martín Sanchez. Si estás aquí, acércate por favor… Necesitamos tu ayuda para salvar el futuro y que todo sea como antes. Puedes confiar en nosotros, no te haremos daño.
Martín se acercó. Todos lo estaban mirando a él para ver qué haría. Se dirigió hacia ellos y dijo:
-Si es para salvar al mundo, haré lo que sea necesario.
Martín entró a la nave. No sabía cuánto tiempo iba a tardar. Se mostraba seguro, pero muy nervioso por dentro.
Los hombres le dijeron: 
-Martín, muchas gracias por aceptar, nosotros ya sabemos de ti, tienes una gran imaginación y tienes algo que puede ayudarnos. Nosotros estamos en peligro por la culpa de la tecnología, todo el mundo se arruinó gracias a eso. Nadie es feliz, no conocen el mundo como deberían. Necesitamos quitárselo y destruirlo para que vean el bello mundo.
Martín los miro y dijo:
 -Díganme qué debo hacer y lo haré, esto no está bien.
A Martín se le ocurrió la idea de hacer un gran satélite que los desconecte a todos para jamás prenderlos. Su plan funcionó hasta que empezó a enseñarles qué es vivir la vida realmente. 
Mucha gente luego le agradeció y se quedó para seguir siendo feliz.

(Por Solange Roldán, de 3°1°)

lunes, 15 de octubre de 2018

Sueño cumplido (Cielo Caballero)


Relatos de ciencia ficción

Sueño cumplido

Beltrán, un joven de 18 años, tenía un sueño desde pequeño, que era  teletransportarse a cualquier parte del mundo o al futuro, como ocurría en las películas. Su familia no estaba de acuerdo en que tenga ese tipo de ideas en la cabeza, porque decían que era mentira, que sólo pasaba en la televisión.
 A él no le importó, porqué lo único que quería era llegar a cumplir ese sueño tan anhelado, con o sin ayuda de ellos.
 Su amiga de la infancia, Flavia, sabía desde que eran niños de su sueño. Beltrán le dijo si le podía ayudar a averiguar dónde podría llegar a conseguir la máquina o si alguien lo podía transportar. Su amiga le dijo que no tenía idea de dónde podrían llegar a conseguirlo, pero que podrían investigar por Internet. Él enseguida dijo que sí, que quería averiguar por Internet.
Flavia era una chica que cuando se le ponía algo en la cabeza no paraba hasta conseguirlo, y más si se trataba de cumplir el sueño de su amigo, aunque a la vez le asustaba, porque tenía miedo de que le pase algo, o de que nunca volviera.
 A la hora, Flavia gritó muy alegremente:
 –¡Amigo, amigo, amigo!
  –¿Qué, amiga?  -dijo él-. Encontré una página donde dice que venden máquinas para transportarse, encima están a muy buen precio.
 Beltrán se puso muy feliz, pero al rato se puso a pensar: “¿De dónde sacaré el dinero?”.
 Flavia dijo:
 –No te preocupes. Con tus ahorros y los míos, te la compras.
Fueron los dos al lugar donde vendían esa máquina, tocaron la puerta de la casa y un señor se la dio, pero  le dijo que tenga mucho cuidado y que la cuide, porque podía llegar a fallar si no cumplían las reglas que pide la máquina.
 –Por fin,  llegó la hora de que cumpla mi sueño -dijo Beltrán, muy emocionado.
 –¿A qué  parte piensas ir? -dijo su amiga
 –Quiero transportarme al futuro, más o menos unos quince años, para ver qué pasará conmigo o con el mundo en ese tiempo.
 –¿Estás seguro? -dijo ella.
 –Sí, completamente -respondió Beltrán. Nunca estuve tan seguro de algo en mi vida.
 – Amigo, si te llega a pasar algo o no vuelves, ¿qué haré?, ¿qué explicaciones le daré a tu familia?
_No te preocupes, amiga, volveré y va a seguir todo como hasta ahora, sólo déjame cumplir mi sueño.
Beltrán abrió la caja y construyó la máquina según los procedimientos que se indicaban. A la media hora, ya la había construido. Ya estaba totalmente todo hecho para que se transporte al futuro.
  –Llegó el momento, -le dijo él a su amiga.
 Ella le respondió:
 –Mucha suerte, amigo, te esperaré cuando regreses.
 Beltrán se puso adentro de la máquina, apretó el botón y una luz lo transportó.
 Al instante, se encontraba en un lugar muy extraño que no parecía el futuro, era como una ciudad  totalmente desecha, todo destruido, personas muertas, la naturaleza toda destruida, edificios , absolutamente todo derrumbado. Beltrán, al ver eso pensó y dijo: “¿Esto será el futuro en quince años?, estaremos todos muertos, el mundo ya no existirá, todo estará destruido”.
Agarró la máquina, apretó el botón y volvió al lugar en donde estaba con su amiga. Le contó a ella todo lo que pasaría en quince años. Flavia, muy sorprendida y a la vez asustada, le dijo a Beltrán:
  –Disfrutemos de la vida, amigo, porque cuando pasen quince años, ya no estaremos en el mundo, y quiero estar con vos y disfrutar esta hermosa amistad, hasta que pase eso en el mundo.
 Él le respondió:
  –Sí, amiga, tienes mucha razón, hay que aprovechar y vivir la vida al máximo.

(Por Cielo Caballero, de 3°1°)

La pena de la guerra (Romel Machicado Calla)


Relatos de ciencia ficción

La pena de la guerra


Era un 14 de julio de 2026.  Yo tenía 15 años cuando empezó la guerra por el control del mundo. Las cosas ya no son como antes después de la Tercera Guerra Mundial, que duró seis años y medio. 
Yo estaba en la escuela charlando con mis amigos cuando se escuchó un ruido muy fuerte. Todos salimos afuera a ver lo que pasaba. Miramos arriba: por el cielo se veía cómo volaban aviones. En ese momento, no sabía qué pasaba ni lo que ocurría. Las clases habían terminado rápidamente. Me fui  a la casa de mi mamá. Pero ella no estaba, me había enviado un mensaje diciendo: “Hijo, fui de compras. Vuelvo dentro de  una hora . No salgas de la casa y cierra las puertas y ventanas”. Rápidamente corrí y cerré todas las ventanas y la puerta. De pronto, escuché un ruido: 
“Tin-tin-tin…” 
Era mi celular. Me había llegado un mensaje de mi papá que decía: “Querido hijo voy a partir a la guerra . El presidente ha dado la orden de atacar China y Rusia. Querido hijo , te juro que voy a volver de la guerra .Cuida a tu mamá.”
Me quedé inmóvil y sorprendido de lo que pasaba. Me había dado cuenta porque cuando estaba en la escuela y volaban aviones de guerra. De pronto, mi mamá llegó con cajas de comida enlatada. Le pregunté:
 –¿Dónde está mi papá? ¿Por qué no llego a casa? 
Yo, sabiendo lo que pasaba, solo me hice el tonto. Ella me dijo que estaba trabajando.
Luego de un rato, encendí la televisión. En las noticias decían
 –La Tercera Guerra Mundial ha comenzado. Estados Unidos ataca a China y Rusia . Les recomiendo estar en sus casas y no salir afuera por órdenes del presidente Juan Patricio. Después de oír el comunicado, se escucharon ruidos. Fui a ver qué pasaba. Afuera, en el cielo, vi cómo caían desde el cielo las bombas. Fui a avisar a mi mamá. Ella me dijo que corriéramos hacia el bunker que había construido mi papá hacía unos años.
Adentro tuvimos que estar casi toda la guerra. 
Era muy aburrido adentro, no sabía qué hacer. Afuera se escuchaban todos los días explosiones. Después de un par de horas, ya no se escucharon ruidos. Con mi mamá salimos afuera a ver cómo quedó nuestro vecindario.
 Todo estaba destruido. De pronto, pasaron tanques rusos. Con mi mamá nos escondimos en los escombros de la casa. Entraron al búnker y se llevaron todo lo que había adentro. Ya no había comida. Todo se había acabado. Yo tuve que ir a buscar por la ciudad y los barrios comida. Era tomar algo y salir corriendo porque era peligroso afuera. Pasaban autos con soldados enemigos. Una vez casi me atrapan, pero no lo hicieron porque me escondí en una cloaca. Cada día era difícil. Ya no había agua.  Juntamos lo que podíamos con mi mamá, pero no bastaba.
En los últimas semanas de guerra, en la radio decían “ La guerra está a punto de acabar . Nuestros enemigos han tomado nuestras bases de guerra y lo último que nos queda es mantener la Casa Blanca en pie.” 
Mi papá había muerto. En la radio escuché que mi padre había muerto. Mi mamá se puso a llorar. Pero ella me dijo que lo importante era que estábamos vivos. 
Algunos años después, en la radio seguían diciendo que la derrota estaba concretada. Eran los últimos días de guerra. Mi mamá estaba alegre porque habíamos sobrevivido toda la guerra. A ella no le importaba que fuéramos dominados por otros.  “Lo importante es estar vivos”. Eso era lo que me decía ella.
Yo también estaba alegre, pero afuera se seguían escuchando ruidos de soldados y tanques . Con mi mamá nos escondimos, pero ya era tarde: nos habían encontrado. Les pregunté, gritando:
 –¿Qué van hacer con nosotros? ¡Díganme!
Ellos nos respondieron que lo sabríamos muy pronto. 
Pasamos la noche cautivos. Al día siguiente, nos dieron de comer, pero al mediodía nos hicieron levantar para matarnos. 
Llorábamos, les suplicábamos, pero igual no les importaba.
Y de todos modos nos mataron.
 Pero de pronto, desperté. No sabía qué pasaba ¿No estaba muerto?, decía. 
Los soldados habían escrito cerca del bunker:
“Estas personas no son las que provocaron la guerra. Fue su presidente y sus gobernadores”.
Todo esto era un experimento de la CIA , que utilizaba personas en campo de concentración para ver si sobrevivían en una guerra. 
Pero el experimento sigue en prueba.   

Aquel día (Malena Calla)


Relatos de ciencia ficción

Aquel día

          “Sabes que evitando tus problemas no resuelves nada…”

 -¿Qué sentiste Brigitte? – le preguntó Cannan .
-No sé cómo explicarlo, pero… Tuve mucho miedo – dijo Brigitte.
-¿Cómo que miedo? ¿Qué pasó ahí adentro? – le preguntó muy angustiado.
-No quisiera hablar de eso hoy -respondió Brigitte, casi sin ganas de mirar a Cannan.

 Brigitte se dirigió hacia su casa, pensando en lo que vio a la hora de entrar en el portal dimensional. Entrando, vio a su hermana sentada mirando televisión. En eso, la hermana se dio cuenta de que llegó Brigitte, y se lanzó hacia ella para llenarla de abrazos y besos.
 -¡Hermanita!- dijo Gina, la hermana menor de Brigitte .
-¿Cómo estás dulzura?- le preguntó cariñosamente a la hermana.
-Bien, pero cuéntame que se sintió entrar allí; dime qué pasó; quiero saberlo todo- dijo Gina muy ansiosa.
-Bueno … no creo que sea conveniente contarte, pero estuvo increíble la experiencia -sonrió y se fue a su habitación, muy cansada.
 Brigitte cerró la puerta de su alcoba y se recostó en su cama, tapándose la cara con la almohada.
    A la mañana siguiente se dirigió para su trabajo, y al entrar se encontró con Cannan muy emocionado. Entonces, se acercó a él y le dijo, con una pequeña sonrisa:
 -Oye, ¿Qué pasa? ¿Por qué tan feliz? 
-Me habló el director, le comenté del progreso del proyecto, y también mencionó que lo quería ver con sus propios ojos- respondió algo nervioso.
-¡Ah, que bien!- expresó Brigitte, saltó y abrazó a Cannan- Y… ¿Como a qué hora va a venir el director? – preguntó la joven.
-Mmm … supongo que a la tarde – dijo Cannan también intrigado.
 Entonces, en lo que esperaban al director, los dos muchachos se encargaron de tomar todas las precauciones necesarias para que nada salga mal.
     Cannan le dio algunas indicaciones de cómo sería entrar al portal dimensional, ya que lo había modificado un poco, y en eso le explicó:
 -Ten, ponte estos lentes de contacto.
-Yo no quiero cambiar el color de mis ojos- respondió Brigitte indignada.
-No, criaturita. Mira … estos lentes de contacto no son para eso, estos son para que puedas grabar lo que vives allí adentro. Sería como grabar con lo que conocías como celular, con la diferencia de que te lo colocas en el ojo- le explicó.
-Parezco una tonta- dijo soltando una mínima risa – pero todo es muy nuevo para mí. Parecía ayer, que leía las obras de Ray Bradbury e imaginaba el futuro que hoy me rodea.
-Hablando de eso, nunca hemos charlado sobre aquel día, quisiera saber qué pasó – dijo Cannan.
-Bueno … todo pasó a mediados del año 2022, tenía solo 16 años y me fascinaba mucho todo lo que pasaba en el mundo. En ese año, la empresa norteamericana “SpaceX” lanzó la misión de carga a Marte, para ver si podía ser poblada – dijo Brigitte.
-Jaja, lo que se logró muy bien – comentó Cannan.
-Sí, eso creo – respondió Brigitte con la mirada perdida.
-¡Sigue! ¡No pares! – le dijo Cannan a Brigitte, sacudiendo sus hombros.
-Bueno, bueno … antes solíamos ir con mi hermana a muchos lugares donde no acostumbraban a andar personas.
     Un día, simplemente fuimos por un bosque, y vimos como una especie de colina, entonces decidimos bajar por ella. Al bajar, Gina vio una puerta en un árbol. Nos acercamos y, para sorpresa de las dos, la puerta estaba abierta.
Adentro del árbol se encontraban escaleras que llevaban hacia abajo. Por lo tanto, decidimos bajar con Gina, y encontramos máquinas. En ese momento, yo las reconocí: eran cápsulas criogénicas. Había leído sobre ellas desde que era muy chica.  Empezamos a ver si funcionaban y, para colmo, sí lo hacían. Cada una se metió en cápsulas diferentes. Sin pensarlo, las puertas se cerraron solas, todo comenzó a enfriarse ahí adentro – Brigitte inició un pequeño llanto – lo último que vi, fue la cara de Gina con desesperación.
-No sigas, si no quieres – dijo Cannan, abrazando a Brigitte.
-No, no … después de todo eso, ya sabes como terminó la historia, tu padre nos encontró y nos brindó un lugar muy hermoso para vivir – le respondió a Cannan, mientras se secaba las lágrimas.
       En ese momento tan tenso, se escuchó la puerta y se vio entrar al director Elon Musk, también fundador de SpaceX.
-Buenas tardes – dijo el señor Musk – no estoy interrumpiendo algo, ¿Verdad? -.
-No, no para nada señor. Ya estamos listos – dijo Brigitte algo emocionada.
         Brigitte se metió en el portal para poder hacer la demostración, pero en eso, algo salió mal. Cannan no pudo manejar la carga que se necesitaba para controlar el portal.


        Brigitte despertó en un lugar de su infancia: era la escuela donde iba cuando ocurrió su desaparición.
        En un momento se vio a sí misma entrar por la puerta y sentarse al lado de ella, pero lo más inquietante fue que tenía un espejo frente suyo y no se reflejaba nadie ni nada. Brigitte de repente sintió que estaba en una caja, y empezó a golpear a su alrededor, hasta que bajo la cabeza y se encontró en un lugar muy diferente.
         En este lugar solamente se encontraba ella portando un hacha y un árbol, estaba desolada, no podía comprender nada de lo que sucedía. Entonces, lo más lógico que encontró para hacer fue, sentarse y llorar. Sintió una mano que le tocó el hombro. Era un chico rubio, de ojos color pardo, pálido y muy alto.
-¿Por qué lloras? – le preguntó el chico.
-No sé qué pasa, tengo mucho miedo – respondió Brigitte.
            El chico la agarró de la mano, hizo que Brigitte se levante, y de repente aparecieron en un cuarto con muchos objetos.
 -Mira, es muy bonito ¿No? – le dijo él, mostrándole un gato.
-Sí, está lindo – respondió Brigitte con intenciones de agarrarlo, pero simplemente la atravesó, como si fuese un fantasma.
              El muchacho le seguía mostrando cosas, pero lo que Brigitte no entendía era por qué ella no podía tocar las cosas por ella misma, pero cuando las tenía él, sí las podía tocar con facilidad.
             En un momento él le dijo:
-Me gusta mucho tu nombre.
-Ah, ¿Sí? A ver y … ¿Cómo es mi nombre? – dijo ella.
         El joven buscó un espacio en blanco entre las paredes de la habitación, agarró un pincel y escribió la palabra “SONY”, dejó el pincel en el piso, se dirigió hacia Brigitte y le susurró en el oído:       
              “Sabes que evitando tus problemas, no resuelves nada…”



(Por Malena Calla, de 3°1°)

jueves, 30 de noviembre de 2017

"La tierra maquinaria" (cuento de ciencia ficción)

La tierra maquinaria (Micaela Guiraldes, de 3°1°)



Estaba en trance, completamente aislada de su entorno.
Aquellos ruidos en el restaurante como, el de los autos pasando del otro lado de la puerta, el parloteo de la gente o algunos de los mozos gritando la orden, no la estorbaban en lo más mínimo. Alguien ajeno podría asegurar que su mirada —puesta en la misma nada— aterrorizaba, pues parecía una maníaca. La gente que integraba las mesas cercanas se alejaban de ella intimidada. 
Su hamburguesa sólo tenía un pequeño mordisco y hacía tres minutos jugaba con su ensalada de pepino. 
Para Demian, la joven —quien aparentaba tener unos 15 años— no parecía ser aterrorizante, sino, más bien intrigante, puesto que parecía no temerle a nada.
Su cabello era corto, ondulado y grisáceo, debido al polvo que traía este, su piel era blanca y sus labios corales. Traía lo que parecía ser una bata de hospital, que, al igual que su cabello, traía polvo, estaba completamente sucia y bastante rasgada.

— Oye, ¿estás bien? —.Demian acercó su silla un poco más a la ajena, no fue nada cauteloso mientras la observaba así que, sin más, se limitó a preguntar por ella.
El tenedor que la extraña joven mantenía en su mano derecha empezó a vibrar doblándose de manera lenta mientras que la chica, al igual que el tenedor, comenzaba a ponerse completamente roja, ella parecía estar furiosa por alguna razón.

Él no se asustó, mantenía la mirada en el tenedor tanto como la chica en su plato de ensalada. El tenedor se detuvo, ella paró, pero repentinamente sin consentimiento de la joven, voló hacia el techo, clavando en este sus cuatro dientes lo más profundo posible.
Quien se encontraba asustada ahora era ella. Observó con miedo inmediatamente al joven Demian, que sólo se limitó a sonreír simpáticamente. Los expectantes, o más bien los clientes y los que trabajaban en aquel restaurante de clase media se fueron corriendo a gritos sin mirar atrás, dejando completamente solos a la extraña chica y a Demian.
Pudo observar en el camisón de ella que llevaba una pequeña plaqueta con un nombre puesto en él, decía: "Melissa" Tuvo muchos remordimientos en sí mismo, uno de ellos: ¿Realmente era su nombre?

— ¡Eres uno de ellos! — "Melissa" asustada, se levantó de la silla e intentó correr hacía la puerta, pero una mano sujetó con fuerza su muñeca impidiendo su escape.

— Soy como tú, tranquila. ¿De dónde vienes?

— Acabo de escapar del hospital, los hombres de Rottenford me tenían internada hace meses, hace años soy su experimento social.

— Tranquila, yo escapé de ellos hace años, puedes estar segura conmigo. Debemos irnos, deben estar buscándote. Por cierto, me llamo Demian ¿Y tú?

— No lo sé, jamás me dijeron. Desde pequeña me tenían encerrada en un laboratorio de investigación y...

— Te diré Melissa.

Ambos salieron corriendo del restaurante. Mientras Mel corría, observaba los edificios, los negocios, la vestimenta de la gente. ¿Qué rayos había sucedido luego de su última vez como ciudadana común y corriente? 
El futuro había llegado y con él, sus consecuencias. Demian las tenía en frente suyo: nadie se miraba a los ojos, nadie se saludaba, los niños no jugaban, no había perros jugando en la plaza, de hecho, no había plazas ya. Ya no era la tierra, el mundo no podría ser este.
La sirena policial desde algún lado de la ciudad hacía que Melissa se desconectara de sus pensamientos, no sabía qué era lo que realmente la asustaba, si el cambio para peor del planeta, o el pelotón de policías en algún lado, buscándolos. 
La tecnología avanzó dominando las mentes humanas, convenciendo de que el avance tecnológico es beneficiario y satisfactorio para el entretenimiento y los labores.
Mark Rottenford era el creador de todo lo que destruía la humanidad, y ver el simple acto de que un humano ya no se tome la molestia de tirar un desecho en el cesto de basura, porque se han creado humanoides que recogen basura convirtiéndola en metal, realmente lo complacía. 
¿Por qué un humano quiere acabar con la humanidad? Nadie lo sabe. Melissa no sólo quería librarse de las manos de sus hombres, sino, acabar con el mismísimo Mark. Y no solo ella, miles de experimentos humanos supernaturales como ella lo desean.

Mark creó a los E.H.S para acabar con los humanos siendo estos útiles como su ejército y los humanoides como “La nueva población” 
Hipotéticamente los E.H.S eran una amenaza secreta para la humanidad y cada uno de estos experimentos humanos sabían de su función, aunque muchos de ellos luchaban contra ellos mismos para ser simplemente parte de la sociedad. 

— Tal vez, si nos escondemos dentro de algún negocio no puedan encontrarnos. Y deberíamos ir con el ejército E.H.S — Comentó Melissa mientras no paraba de correr. 

Demian repentinamente dejó de correr deteniéndose detrás de ella, sacó una navaja de uno de los bolsillos de su pantalón y aprovechó el momento en el que Melissa aún no se volteaba para apuñalarla en la costilla izquierda. 
Como anteriormente, la gente gritó espantada, apartándose de la escena. 
La policía se aproximaba, el primer oficial en llegar suspiró observando la escena. 

— Creí que no era necesario, Sinclair.

— Tenía mucho poder, solo le quedaban días para ser una más de ellos. 
Deberíamos apurarnos, hay muchos más que pronto —sin saberlo — se convertirán en los esclavos de Mark, no perdamos tiempo. Iremos por el ejército que enfrentará a Rottenford esta noche, si llego a convertirme... — Demian le dio su más preciado elemento, su navaja. — No lo dudes, acaba con cualquier amenaza.

— Sinclair.

— Nos veremos, John.

sábado, 18 de noviembre de 2017

"Luke, huesos de hojalata", cuento de Celeste Vergés


Consigna: 
Escribir un cuento de ciencia ficción.

Luke, huesos de hojalata
(Cuento de Celeste Vergés, de 3°1°)

Celine se encontraba en el departamento de su hermano mayor, descansando de la semana tan agotadora que había tenido. Siempre pensó que su último tiempo en la secundaria sería divertido, relajado. Pero al parecer se encontraba equivocada. Los planes para su fiesta de graduación —que, por supuesto no quería—, y la constante presión sobre ella para pasar todas sus materias y  así poder conseguir su título, la estaban volviendo loca. Fue por eso que tomó el tren de la mañana con destino a Boston en cuanto tuvo oportunidad, y se hospedó con Lukas —su medio hermano—, buscando algo de paz.
Claramente, no fue como creía. Un pre-adulto de veintidós años que tenía una obsesión, un don, o quizás una desgracia por dejar todo lo que sus yemas tocaran hecho un desastre. Las decoraciones de cristal sobre los muebles se encontraban resquebrajadas, las manijas de las alacenas arrancadas, era como si Luke no pudiera controlar su fuerza veces. Tenía movimientos torpes y solía chocar sus dedos contra cada cosa que quería tomar. Aunque, mientras analizaba la situación en su mente, jamás había oído el sonido de sus huesos chocar contra la madera, el cristal, o cualquier otro material con el que hubieran impactado. Sonaban más bien como metal. Era por eso que amaba llamarlo “huesos de hojalata”, aunque, en su cabeza, siempre fue en sentido cariñoso.
—Uf, casi no siento las piernas -dijo cuando se levantó del sofá. Parecía bastante cómodo a simple vista, pero era más blando sentarse sobre un colchón de clavos. Estiró las piernas un poco más y se encaminó a la cocina para prepararse otra taza de café.
—. A ver, corre. -empujó suavemente el cuerpo del perro Pekinés con su pie, para que éste pudiera darle un mejor acceso a la isla de la cocina.
Mientras batía su taza con una inquietud bastante grande, sintió cómo su alrededor la aterraba. Las luces apagadas y el silencio —poco común allí— le estaban poniendo los pelos de punta. La piel se le estiraba tanto que la sentía quebrarse, y eso no era una buena señal. Su madre siempre le había dicho que tenía un sexto sentido para las cosas. Y era algo que terminó por odiar.
—¡Ay!— se tomó el pecho con terror luego de pegar un salto. La televisión se había prendido de un momento al otro, con un sonido estrepitoso, que la hizo arrojar la taza al suelo por la impresión. Se alejó un par de pasos con cuidado de no incrustar algún cristal en sus talones descalzos, y se puso de cuclillas para recoger los pedazos rotos. Sin embargo, no pudo evitar prestarle más atención a lo que la televisión decía.
Un presentador que ella conocía, de piel morena y cabello corto se encontraba hablando de un tema que a ella siempre le había parecido absurdo del otro lado de la pantalla:  la evolución de las máquinas en los años de la actualidad. Celine no era gran fan de la tecnología, por lo que nada de eso le interesaba.
Quiso volver a prestarle atención a los pedazos de taza quebrados que recogía, pero en cuanto lo hizo, la punta de uno de ellos le rasgó la piel del dedo, y se puso de pie con un quejido sosteniéndolo, en un intento fallido de aliviar el dolor. Le dio la vuelta a la isla de la cocina para poder buscar el botiquín. Iba a vendarse el dedo para poder terminar de limpiar el suelo con tranquilidad.
Abrió el cajón y buscó unas vendas, o quizás un poco de cinta, algo que calmara el sangrado. Cuando encontró lo que estaba buscando, inmovilizó su dedo con dichas telas, pero el sonido tan familiar de los dedos de su hermano chocando contra algo la hizo detenerse y estirar el cuello con intención de encontrarlo.
—¿Luke? -preguntó al no verlo. — ¿Hola? - ésta vez la voz le tembló un poco. Juraba haber oído el sonido de “hojalata” de los huesos de su hermano golpeando algo en la cocina. Guardó las vendas y cintas que había sacado del cajón y volvió a darle la vuelta a la isla de la cocina. Las piernas se le sacudían, ya había comenzado a tener un poco de miedo, y le desesperaba no encontrar a su hermano.
Giró la cabeza al sentir el mismo sonido de antes, pero ésta vez fijó la vista en la televisión. El mismo canal que se había reproducido cuando ésta se encendió estaba mostrando, ésta vez, avances sobre los nuevos robots que habían sido creados para ayudar a las personas con los quehaceres del hogar. Y los choques de los dedos de ésta máquina sonaba exactamente igual a los de su hermano.
—¡Lukas!— gritó asustada, y corrió hasta la habitación de éste. Se lo encontró de espaldas a ella, acomodándose el cabello frente al espejo, pero volteó a verla en cuanto notó su presencia.
—¿Mhn?— inquirió. Su voz tenía un tono tan robótico y artificial que hizo la mente de Celine explotar en teorías sobre estar atrapada en una pesadilla. Sacudió la cabeza, intentando hacerse creer a sí misma que estaba sugestionada por las películas que había estado viendo, y las noticias de la televisión. Ella no podía dudar que su hermano era un robot. Eso era imposible.
—Estuve viendo la televisión hace un rato… Bueno, en realidad se encendió sola -suspiró para calmarse. Se sintió tonta al caer en cuenta del escándalo que estaba haciendo. —Lo siento, debe ser el estrés que traigo encima. Sólo me asusté.
—No te preocupes, no tienes que asustarte. Todo está bien. - Luke la atrajo a su cuerpo en un abrazo, intentando reconfortarla. Pero, al contrario, Celine se asustó mucho más al sentir, en lugar de los latidos del corazón, un sonido extraño. “tic, tic, tic” como una máquina.

Apartó al chico de cabello rubio de un empujón al notar que todo era como ella temía. Los ojos de su hermano temblaron al igual que su boca. El empujón tan fuerte le había ocasionado un cortocircuito. Y, efectivamente, había estado conviviendo toda su vida con una máquina. Un verdadero robot.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Cuento: "El mutante" (Aylén Ruiz)

Consigna: 
Escribir un cuento de ciencia ficción.


El mutante
(Cuento escrito por Aylén Ruiz, de 3°1°)
  
Hace mucho tiempo, cuando las personas asesinaban a alguien, o hacían las cosas mal, alguien venía a buscarlos a ellos, a los que más querían ¿Pero quién dijo que ahora no?

Una noche de abril, William le mandó mensajes a su hija

William: ¿Estás en tu pieza?
Aixa: Si, ¿Qué pasa?
William: ¿Las puertas están cerradas?
Aixa: No sé.. ¿Estás abajo?
William: No, prestame atención
William: Mirá por la ventana ¿Hay un hombre ahí abajo?
Aixa: Me asustas, ¿Qué pasa?
William: ¡Por favor, fíjate!
Aixa: Papá, ¿qué es eso? Es igual a ti.
William: ¡No le saques los ojos de encima, Aixa!
Aixa: No entiendo lo que quieres decir, ¿qué pasa?
William: Si te manda mensajes o si te habla, no respondas.
Aixa: ¿Qué? ¿Por qué habría de hablarme?
Aixa: Ok, pero si no eres tú y no estás acá
Aixa: ¿cómo sabes que está ahí afuera?
William: Eso no importa, importa que no dejes de mirarlo.
William: Si lo miras no puede moverse, creo.
 Aixa: ¡¿Cómo “creo”?!
William: Es que no sé, no estoy seguro.
Aixa:  Ya da igual, me voy a la habitación de pánico.
William: No, no es seguro.
Aixa: ¿Por qué?
Aixa: ¡No la llamen habitación de pánico, entonces!
Aixa: Es muy difícil escribir y observar al mismo tiempo.
William: Entonces no escribas, solo observa. Voy para allá
Aixa: ¡No entiendo nada! ¿Cómo puedo creerte?
William: Lo sé, lo entiendo. Solo tienes que confiar en mí.
Aixa: Si, pero ese ¿robot? Da miedo.
Aixa: Dejé de mirar por un segundo, y ya no está
William: ¿Estás segura?
Aixa: ¿Cómo que si estoy segura?
Aixa: Papá, ¿eres tú?
William: No, no soy “papá”, y no me fui.
William: Estoy dentro de la casa.
Aixa: No puede ser.
Aixa: Dejé de mirar un segundo.
Aixa: Te hubiera visto cruzar.
William: No me conoces
Aixa: ¿De qué se trata esto?
William: Hay más a mi alrededor, y a tu alrededor
Aixa: ¡¿Entonces  dónde están?!
William: ¿Sabes? Sé cosas, cosas que nadie debe saber, siempre lo sé.
Aixa: ¿Eso quiere decir que eres humano?
X: No soy humano.
X: Pero miento y engaño solo como tu padre puede hacerlo
X: Haré todo lo posible por llegar a vos. Y está bien si tienes miedo, el miedo es algo bueno.
X: ¿Me vas a contestar? ¿Aixa?
Aixa: ¿Cómo sabes mi nombre?
X: Me mandaron a buscarte, para eso necesitaba tu nombre
Aixa: ¿Quién te envió?
X: Algo que nunca quisieras conocer.
X: Debes ser inteligente.
Aixa: Tal vez.
X: Y siéndolo, ¿confías en tu padre? Eso me pone en duda.
Aixa: ¿Por qué?
X: Porque no es alguien en quien puedas confiar.
X: Miente y engaña.
X: Conozco todo lo que él piensa, sé todo de él. Y también de ti.
Aixa: Sí, claro.
X:No te voy a mentir, Aixa. Si descubres que lo hago, te dejaré en paz.
Aixa: Esto es ridículo. ¿Tengo que creerte?
X: Sí, es cierto.
Aixa: Vete al infierno.
X: Ya he estado ahí. Muchas veces. Es decir, la Tierra es el infierno.
X: O muy pronto lo será.
Aixa: ¿Qué  quieres?
X: ¿Quién dijo que yo quería algo?
Aixa: Mi papá.
X: Él fue un buen hombre.
X: Hace décadas.
X: Antes de volverse rico. Y convertirme en esto, convertirnos, mejor dicho.
X: Ahora es uno de los seres humanos
X: con vida más deplorables.
Aixa: No. Él es bueno…
X: Por eso. Es cuando nosotros nos levantamos.
X: Y arreglamos las cosas.
Aixa: ¿Nosotros?
X: Cuando la humanidad se vuelve enferma.
X: Nosotros la cambiamos.
Aixa: ¿Intervenir? ¿Como?
X: Miles de veces a través de los milenios.
X: Tuvimos que venir para mejorar las cosas.
X: Aterrorizamos a los seres humanos para que sean buenos, al quitarles lo que más aprecian.
Aixa: Pero, ¿qué eres?
X: Ya te lo dije.
X: Yo soy el heraldo de la Era de la Oscuridad que está por venir.
Aixa: Déjame en paz.
X: Bienvenida al juego, Aixa.
Aixa: ¿Dónde estás?
X: Estoy aquí, mirándote, en alguna parte.
X: ¿Por qué no vas a tu dormitorio, Aixa?
Aixa: ¿Para que puedas atraparme?
Aixa: No.
Aixa: Lo que hizo mi padre me disgusta, pero no voy a dejar que me atrapes…
Aixa: Solo para que puedas castigarlo.
X: ¿Piensas en otra opción?
X: ¿Crees que me puedes engañar?
X:  Estoy aquí para llevarte.
X: Esta es una promesa que voy a hacer.
X: No te llevaré, Aixa.
X: No si vas a tu habitación…y dejas que tu padre pague.
X: Ahora no estamos solos.
X: Papá está en casa.
Aixa: Ya lo escuché.
X: Piensa que estás en el sótano.
Aixa: Está a salvo ahí abajo.
Aixa: Mientras estés ahí afuera.
X: ¿Te importa?
Aixa: Sí. Aunque lo odie…
Aixa: No voy a dejar que lo mates.
X: Suposición falsa.
Aixa: ¿Cuál es?
X: Que soy un asesino.
Aixa: Dijiste que estabas aquí para ver cómo muere.
X: Yo lo podré ver, pero no lo voy a hacer.
X: Los oigo, a los gritos ahogados de tu padre desde el sótano…
X: mientras es despedazado parte por parte.
Aixa: ¿Qué?
X: Te dije que ya no estamos solos.
Aixa: ¿Qué hay abajo?
X: Te dije que había más como yo, solo que no me prestaste atención.
X: Me tengo que ir, Aixa
Aixa: No vas a ir a ninguna parte.
X: Sí, me voy.
X: Tengo trabajo que hacer.
X: Otros personas, otras deudas a pagar.
X: El mundo va a ver mucho más de nosotros muy pronto.
X: Dijiste que no soy nada más…
X: que una mounstruo.
X: Entonces, encontré la manera de serlo, sin que te dieras cuenta, ya que te hice creer lo que vos querías.
X: Te dije Aixa, que sabía más de lo que vos pensabas.
Aixa: ¿Pero con qué finalidad?
Aixa: ¿Por qué me quieres?
X: Para llevarte, y convertirte en uno de nosotros
X: Vamos, eres inteligente. Lo harás bien
Aixa: ¿Entonces no iría con mi papá?
X: No.
X: Él te engaño, él es uno de nosotros también.
X: La razón, Aixa, por la que quería que me mires, era para mantener tu atención lejos del mutante…

X: que está arrastrándose detrás de ti.

El gran cambio (Bautista Fusto)

Cuentos de ciencia ficción El gran cambio    24 de octubre de 2013.Buenos Aires, Argentina Día nublado. Seguramente llueva. Caminaba...