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martes, 6 de noviembre de 2018

El que se la da de canchero (Luna Santanelli)

Aguafuertes porteñas del siglo XXI

El que se la da de canchero

En la escuela siempre hay un pibe que se cree más que todos. En este caso, es el rompebolas de Franco. A mí y a mis amigos nos vive diciendo boludeces , que gordo, que flaco, que cara deforme .
Pero nosotros no podemos hacer nada. Mi grupito y yo somos una mierdita. Señores, ¿qué decirle más que otro insulto pero en voz baja? Otra cosa no se puede hacer.
En los pasillos del colegio YO, POR PRIMERA VEZ , SÍ YO, el flaco, estaba hablando con una chica… y sí hasta que apareció Franco y me hizo quedar en ridículo con Carolina, diciendo que todavía era un nene y que no la puse. Se me reían todos en mi cara, hasta que me cansé, fui con mi primo Rubén, que era más grande que Franco, obvio. Bueno más o menos igual. 
En fin, mi primo no jode a nadie, vive serio, pero andá a joderlo…y bueno le conté que el rompe bolas de Franco nos vive jodiendo y cargando , y bueno él tiene su lado gracioso, hasta que fue, lo encaró, y le dijo:
 –¿Así que te gusta joder con los más chicos? Esperen, la parte que se viene es muy graciosa, en serio, después de que Rubén le dijo eso, le ordenó que se bajara los pantalones,  la remera y  le dijo que se quedara en frente de la puerta de nuestro salón y que cualquiera se podía burlar de él. Y bueno, todos le vimos los calzones de flores que tenía. 
Ése fue el mejor día de mi vida.

(Por Luna Santanelli, de 6°2°)

domingo, 28 de octubre de 2018

Preludio del final (Tomás Rodríguez)

Aguafuertes porteñas del siglo XXI

Preludio del final

En toda la historia de la humanidad, sin importar la época, las creencias o el lugar, siempre existió algo que atemoriza hasta al más valiente de los estudiantes. Su mera presencia es capaz de causar estragos en la vida del que lo ve y es capaz de devastar al que toma desprevenido. Su llegada se anuncia con días de anticipación, sembrando el pánico total, no solo en las desafortunadas almas que lo escuchan, sino también en cualquier otra persona que sepa que puede ser el siguiente. Los más temerarios, se preparan inútilmente hasta que el día llegue, mientras que, muchos otros, solo se hunden en la más absoluta y atroz de las desesperaciones. El tiempo sigue pasando, cada día hay más y más gente que no soporta la presión y decide retirarse. Mañana es el día en que todo acaba.
 El sol sale y los pocos que deciden hacerle frente al destino se encuentran reunidos. Ellos se prepararon para esto, ellos cargan con las esperanzas de sus compañeros caídos. El momento se acerca, el armamento es guardado y los creyentes no se molestan en rezar: ningún Dios podría salvarlos de lo que viene. Las puertas del infierno se abre y un sentimiento de muerte invade el corazón de todos los presentes, algunos no lo logran y, a pesar de haber luchado fervientemente para este momento, deciden abandonar y ser parte del resto. La presencia se acerca cada vez más, sudor empieza a formarse en la frente de todos los presentes. Boom, la última barrera es traspasada. Todos miran con pavor cómo el heraldo del fin de los tiempos se acerca a su podio, dejando un rastro de muerte absoluta a su paso. El momento para el que solo unos pocos habían sobrevivido había llegado. El mensajero del apocalipsis ya se encontraba en posición para cantar su réquiem mortal e invocar al mismísimo demonio que acabaría con toda vida a su alrededor. Esbozando una sonrisa digna del más sádico de los verdugos, dice:
 -Saquen una hoja, hoy tenemos examen. 

Por Tomás Rodríguez, de  6°1°

La fea y la linda (Ludmila Pérez)

Aguafuertes porteñas del siglo XXI

La fea y la linda

Con tantas personas distintas nos cruzamos a lo largo de la vida, que a veces nos encontramos con esas que se creen Coco Chanel pero no llegan ni a La Bruja del 71.
   Se creen muy sexis, diosas, divas, creen que tienen una silueta reloj de arena,  que las fotografías y la pasarela son su especialidad y que nacieron con ese tipo de don. Piensan que son las N°1, sueñan con desfilar en un fashion week, lucir prendas Gucci, Dior o Louis Vuitton, se encargan de injuriar a otras jóvenes creyendo que ellas son de una élite.
   Son esas mismas que para tener un book de fotos buscan por cielo y tierra un fotógrafo que lo haga gratis, cruzan el mar para buscar una maquilladora que no les cobre, con el fin de querer mostrar que ellas son las más solicitadas, pero engañan a todos. Hacen lo mismo pidiendo marcas para unas fotos, en sí, hacen trampa con todo, solo para endiosarse y pasar por arriba a otras niñas.
   Pero en realidad son esas que sus piernas parecen una gelatina recién hecha, su silueta es un triángulo invertido y para qué te cuento de su pelo o cutis ¿Te lo podes imaginar a esos bicharracos, no? Su rostro repleto de acné,  no son capaces de usar una máscara de destello vital, sus piernas y cavado son rasurados, por lo cual su bello es estimulado el mismo que  termina dejando marcas y puntos negros.  Jamás se hacen un baño de crema en su cabello, tienen estrías y celulitis. No tienen la posibilidad de ir a una esteticista para que las ayude a mejorar su aspecto y sus kilitos demás ¡ni te cuento!, el rollito que se les escapa para colmo usan sus pantalones tiro bajo. Pero así y todo son las más presumidas, creen que se llevan el mundo por delante, son muy desagradables y su vocabulario es poco estético.
  Yo no digo que no te creas una chica hermosa, pero no quieras denigrar o frustrar a otras comparándolas con vos cuando te falta una vuelta al mundo para comenzar a pertenecer a una elite. Son puras personas tóxicas.
 Cuando comienzan a hablar pareciera que lo hacen resfriadas, y solo salen de su boca cosas poco interesantes y sin clase como “Ay piba, no sabés, estoy re cansada, esta semana tuve dos sesiones de fotografía”. Y vos te quedas como mirándola de arriba abajo, pensando: “Que chica tan ordinaria,  y con ese cuerpo se cree tanto…” y realmente terminás afirmando tu pensamiento. 
  Creen que todos los muchachos están a sus pies, ellos se enamoran cuando ven sus fotos en las redes sociales, de tanto Photoshop que usan parecen unas barbies con piel de bebe recién nacido, pero cuando las ven en persona ¡agarrate, Catalina! Se llevan el susto de su vida, no duermen más en las noches y hasta levantan fiebre, los pobres muchachos.
 
Por Ludmila Pérez, de 6° 1°

Militincheo en las parejas de hoy (Camila Sanabria)


Aguafuertes porteñas del siglo XXI

Militincheo en las parejas de hoy

Tincho y Mili suelen ser algo... intensos, se podría decir. Ellos se aman muchísisisimo, y eso lo saben todos, ya que son como un enorme cartel que grita: "Miren, estamos juntos y nos amamos, somos felices y ninguno es cornudo". Sé, ¡dale!
 A ellos los ves en cumpleaños, bondis, trenes, plazas, colegios, trabajo, universidad, en fin, uno nunca se salva de los Tinchos y las Milis, porque ellos suelen ser intensos.
 Vayas donde vayas, los reconocés. Tincho siempre con su característico jopo, incluso a veces con gorras, castaños, rubios, pelirrojos, quién sabe; mirada despectiva, nunca pierde la oportunidad de rebajarte de "nivel", y demostrar que es el mejor, sí, ¡el mejor imbécil! Oh, y no nos olvidemos de Mili, la gran Mili, la gran diva, con su pelo siempre perfecto, presumida e irritante por demás, debo decir, en su lista de prioridades vas a encontrar novio, pelo y ropa en el 'Top Tres' seguro.
 Jamás se pelean. jamás, he dicho. Ellos son la pareja perfecta, la pareja de las parejas. Ellos se celan, mucho, pero les encanta, es algo... que demuestra el infinito amor que se tienen. Son infantiles, no importa si ya tienen más de treinta años y van por el cuarto hijo, no hay un límite de edad para ser Mili o Tincho.
 Las redes sociales forman gran parte de su vida: es muy pero muy importante publicar testamentos sobre su gran amor, y ¡ojo!, si uno publica algo, el otro también debe hacerlo, no vaya a ser cosa que la gente piense que no se quieren lo suficiente, ni sean la gran pareja perfecta que se ama mucho, mucho.
 Los verás paseando de la mano, sonriéndose, dándose besos, abrazos, sacándose fotos, como prueba, claro; así, después figura en el mundo de las redes sociales su gran amor, ese que hay que "envidiar", el amor rosa y sofisticado, cliché, careta, digo, cariñoso, lindo, bonito, empalagoso, que te dan ganas de vomitar, digo, de tener.
 En fin, un día Tincho deja de seguir a Mili en Instagram, los dos se proponen seguir con su vida, van al gym, mejoran como personas... Pero, un día, no muy lejano, al final del camino se reencuentran, y vuelven a Militinchar, felices para siempre.

Por Camilia Sanabria, de 6°1°

lunes, 15 de octubre de 2018

Presos de la pantalla (Camila Ugarte)

Aguafuertes porteñas del siglo XXI

Presos de la pantalla 

En la actualidad todos o casi todos los seres humanos poseen un aparato tecnológico,  ya sea una tablet, una computadora de escritorio (o en mayor medida portátil), un celular último modelo, etc. Cada persona lo usa una gran cantidad de horas, unos por trabajo, otros por placer y otros por adicción.
En mi humilde opinión, los ya nombrados aparatos se vuelven una droga para los seres humanos, es  una necesidad para poder vivir, como el aire que respiran, se olvidan que afuera de esa pantallita tan milagrosa, hay un mundo inmenso y maravilloso por explorar, pero no, ellos prefieren explorar las redes sociales, los videos graciosos y los jueguitos adictivos.
Estos adictos no se dan cuenta de su problema, pasan horas y horas pendientes de si alguien se dignó a escribirles, si recibieron algún like, si alguien quiere ser su amigo en una absurda red social, la cual según ellos es como la vida real,  la cantidad de amigos que tengas se basa en qué tan buena, popular y conocida persona sos.
Seguramente vos, mi querido lector, te debes  estar preguntando:"Y  vos que lo escribís desde afuera, ¿no sentís esa necesidad  de usar los maravillosos aparatos tecnológicos?", a lo cual yo les respondo que sí. Como lo dije anteriormente, todos los seres humanos poseen al menos uno, y yo los poseo, no soy un alienígena, soy humana, pero no los utilizo como lo hacen las personas que tanto halago, los uso como lo estoy haciendo en este instante, escribiendo este texto, los uso pero para escuchar música, leer, comunicarme con mis seres queridos, buscar información en gran medida, aunque debo admitir que soy partícipe de las redes sociales, partícipe, pero ellas no me atrapan , porque si nunca se lo habían planteado eso es lo que son, redes, te atrapan, no te dejan libre, te enredan como telarañas, y ahí vos y todos caen en su trampa, se apoderan de vos, te utilizan para que necesites estar ahí, necesites ser presa de ellas, no puedas soltarlas ni aunque lo quieras, yo no me enredo, no me dejo atrapar por las garras de este tenebroso monstruo, lo uso, pero a mi gusto, puedo estar sin él. Vivo mi vida en la vida real, no a través de un fantástico aparato, sino con mis ojos, mi propio yo, con mi cuerpo en el lugar, en vivo y en directo. No lo miro por una fotografía, tomo un café con mis amigos y les cuento qué hay de nuevo, no lo hago por WhatsApp, voy a una plaza y aunque suene infantil me subo a las hamacas, corro, juego a la rayuela, me tiro por el tobogán, para mí eso es mucho mejor que un juego de un celular o tableta. Digo lo que pienso en persona, no en los caracteres que se me permiten usar en Twitter, tengo pareja pero en vez de conocerlo por Match o Badoo, lo conocí en una fiesta de cumpleaños,  sí, en un patio de una casa, no en una pantalla.
La sociedad de hoy en día solo se basa en lo que sucede en el mundo mágico de las redes sociales, vas a algún lugar de comida rápida o incluso a un lujoso restaurant y están ahí, presos en sus salvavidas sociales, con la mirada fija y penetrante, clavada en sus hermosos cuadrados con vidrio, ambos especímenes humanos se encuentran mudos, escribiendo o sacando fotos a la comida que según sus estados disfrutan y comparten en pareja o con amigos, pero lo único que comparten es una foto vacía e insignificante de cómo desperdician la vida, su vida la que no es vivida, porque están cegados  gracias a la majestuosa además de oscura tecnología y “vida” social.
Eso es lo que son, presos, están presos, no disfrutan su libertad, la libre expresión mucho menos, porque todas sus publicaciones contienen mensajes vacíos y repletos de un sinsentido avasallante, no tienen sentimientos, no les importa que lo que suben signifique algo para las demás personas o para ellos mismos, les importa qué tan comercial sea, cuantos likes alcance, cuántas personas quieran seguirlos después de su post, como dicen ellos, queriéndose hacer los súper blogglers y milenials.
Caen, ellos mismos se dejan caer, al vacío mundo de la red social. A mi parecer, en un principio elegís la red social que querés utilizar, pero al pasar los días, incluso meses, no podés escapar de ella, el monstruo ya te tiene en su poder, y dependés completa y absolutamente de él, cada día, cada hora, cada segundo , te volvés más y más preso de él y de su cárcel sin salida, quizá si puedas escapar. Pero si nunca te das cuenta de que estas preso, ¿realmente podés salir?.

(Por Camila Ugarte, de 6°1°)



Conversaciones y perfumes baratos (Sara Cari)

Aguafuertes porteñas del siglo XXI

Conversaciones y perfumes baratos

El otro día, viajando en el tren, me crucé con dos señoras muy peculiares, y no me refiero a aspecto físico,  porque si hablamos de eso podría decir que ambas parecían dos ogros con demasiado maquillaje barato, puesto que intentaban cubrir sus pronunciadas arrugas e incluso una de ellas llevaba un nido en la cabeza y de lejos se podía ver el mal teñido. Estas señoras eran peculiares por su rara forma de hablar, pero no es que llevaran algún acento particular, es que hablaban tan mal de las personas que parecía que hasta quisieran su muerte. Si uno se ponía a escuchar bien, se oía cómo decían “porque fulanito le fue infiel a fulanita, si yo fuera ella ya lo habría matado” o “mi hija sale con ese vago que es un bueno para nada”; pero por favor señoras, esos temas son personales, cada quien elige que hacer con su desdichada vida.
Más allá de eso, me sorprendió cómo podían hablar de tantos temas variados sin marearse. A veces incluso parecía un trabalenguas o que estuviesen mezclando más de un idioma. Todo lo que decías o discutían acababa siempre de la misma manera: “Y bueno, si Dios lo quiere, así será”. Era como el dicho “todos los caminos conducen a Roma”.
Durante todo el viaje, que duró aproximadamente una hora y media, cada vez que alguien se paraba al lado se llevaba una mirada de desprecio como si esas dos fueran Medusa intentando convertir a cualquiera en piedra. Además, las dos iban sentadas en un vagón que parecía una lata de atún, y si llegabas siquiera a rozarlas te decían que cómo te atrevías a tocar a una dama de esa forma y te lo repetían insaciablemente. 
La peor parte del viaje fue cuando teníamos que bajar. Casi todos bajaban en la misma estación y las “damas” no eran la excepción. Las loras comenzaron a desvestirse en medio del tren y, como había empezado a hacer calor, el aroma a transpiración mezclado con un perfume de rosas barato comenzó a sentirse por todo el lugar. Al parecer las señoras no se dieron cuenta de que todo el mundo les pedía que no siguieran poniéndose perfume ya que ambas se encargaron de inundar el tren con el mismo.
Cuando por fin llegamos a destino, nos libramos de las conversaciones inapropiadas y de los aromas extravagantes de ellas. Se podía sentir el aire fresco y a lo lejos se veía cómo se alejaban rumbo quién sabe dónde, pero siempre dejando un rastro de su peculiar perfume.
Quizá hacia donde ellas vayan se encuentren con más personas de su clase o incluso peores que ellas. Cuidado señoras, seguramente se crucen por ahí otras cotorras que hablan mal de ustedes y que tengas una fragancia incluso más fuerte que el de las rosas. 

(Por Sara Cari, de 6°1°)

Bajo dependencia (Nicole Armijos Quizhpe)

Aguafuertes porteñas del siglo XXI

Bajo dependencia

Ese sujeto parece haber hallado en aquel objeto todo un pozo de sabiduría, digo yo, por algo lo mira con tanta minuciosidad.
Llevo alrededor de cinco horas sentada en el césped de este espléndido parque, admirando su belleza y familiarizándome con el lugar y, lo único que he visto que permanece inalterable, es la posición del hombre frente a su celular. El tipo tiene cara de “estoy hecho polvo”; sin embargo, eso no lo detiene de continuar con su fascinante labor de mover sus dedos frenéticamente sobre la pantalla del aparato. ¿Qué tendrá de encantador un simple objeto con forma rectangular? ¿Serán las vibraciones que alertan de un mensaje? ¡Ya sé!, tal vez sean esos dibujitos que puedes utilizar para chatear los que lo tienen ensimismado. Digo yo, podría ser.
Se acaba de parar y se dirige hacia un semáforo. Pff, pensé que nunca se levantaría. ¡Pero mírenlo!... al final va a ser que el hombre si puede estar dos segundos sin el celular. Lo guarda en su bolsillo. Ay, no. El tipo saca de nuevo el aparatejo. ¿Es que acaso no ve que está por cruzar la calle? ¡Ya sé!, tal vez el celular le indique cuando debe cruzar.               Digo yo, podría ser.
Mmm, llegamos a un restaurante… Sí, digo llegamos porque lo seguí hasta aquí. El extraño sujeto me llamó tanto la atención, que decidí seguirlo. Oh, está con alguien. Creo que es su novia. Sí, sí lo es, porque se acaban de besar. Él le hace la silla hacia atrás, como todo un caballero y, ella toma asiento sonriendo. ¿Llevarán mucho tiempo saliendo? ¿Cómo se habrán conocido?
Ay, no. Ya sacó su celular de nuevo. ¿Qué tan importante será lo que sea que esté haciendo? ¿Acaso estará escribiendo a su amante? ¡Ya sé! Contrató una serenata para su novia y le acaban de avisar que están por llegar. Digo yo, podría ser.
Oh, mírenla. La novia también está utilizando el celular. Sonríe tanto que cualquiera llegaría a pensar que está en el cielo. Y tal vez lo esté, porque tanto ella como el novio están utilizando el aparatito mientras sus ojos se iluminan como grandes luceros.
Ya están por cenar. Pero me aburrí de verlos, así que decidí observar el resto del lugar. Y bueno, la situación en la que se encuentran las demás personas no es tan diferente al paradigma de la pareja. Unos hablando, otros en video-llamadas y el resto chateando. Pero todos en el celular.
Mmm, no sé… tengo la sensación de haberme saltado una importante página de un libro. ¿Acaso estamos en una época donde ya no se dialoga formalmente? ¿Será que soy la única que no está enterada de un nuevo método de comunicación? Ya sé, tal vez me teletransporté al futuro y estoy viviendo en un mundo donde ya no hace falta hablar más en persona. Digo yo, podría ser. No, no. Si yo conozco esta famosísima invención tecnológica… el celular.
¡Carámbanos y centellas! El camarero se acaba de tropezar… ¿Adivinen qué es lo que andaba mirando en su mano derecha?

(Por Nicole Armijos Quizhpe, de 6°1°)

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Cuentos de ciencia ficción El gran cambio    24 de octubre de 2013.Buenos Aires, Argentina Día nublado. Seguramente llueva. Caminaba...