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domingo, 18 de noviembre de 2018

El gran cambio (Bautista Fusto)


Cuentos de ciencia ficción

El gran cambio 

 24 de octubre de 2013.Buenos Aires, Argentina
Día nublado. Seguramente llueva. Caminaba como si fuese pleno verano. Yendo a trabajar: nada fuera de lo común. Como de costumbre, pasé por el almacén de siempre. Desde ese entonces, las cosas no fueron tan normales. No di importancia, no era gran cosa, todos tenemos nuestros días. Llegué al trabajo. Mi compañero, como era ya costumbre, con su cara de infeliz, reflejando su mal humor. Lo saludo. Día normal de trabajo. Saliendo ya. Un día como cualquier otro pero, como ya había pasado, sentí que algo no cerraba y bueno, obviamente, lo pasé por alto.

28 de octubre de 2013. Mendoza, Argentina
Probablemente se pregunten: “¿Qué hace ahí?”. Bueno, pedí franco. Aproveché la semanita para venir a ver a mi vieja. Sí, a mi mamá. Como no siempre puedo verla dije “Bueno, ya está. ¿Cuánto hace que no la veo?”. Y no veía por qué no visitarla. Llegué. Mamá con todo: mates, facturas, pan, todo. Era muy normal de mamá, eso. Una vez acomodado, empecé a ver la tele. Mamá cocinaba. Cuando agarré el noticiero, lo dejé ya que no había nada. Además, estaban hablando de donde era yo. Me llamó la atención ver que todo lo que yo pasaba por alto tomaba un rumbo, empezaba a tomar sentido. Lo que vi raro tenía demasiado sentido. Me invadió la curiosidad y quería saber qué era lo que pasaba. Tampoco quería dejarla colgada a mamá. Bueno, me quedé la semanita.

4 de noviembre de 2013.Buenos Aires, Argentina
Ya en casa, no veía la hora de saber qué pasaba, estaba cansado. Ese día me quedé en casa, comí algo así nomás y me acosté. Todo con los nervios y la curiosidad. Lunes, bien temprano, ya arriba. Me puse a leer el diario y fue justo cuando ya era obvio que las cosas no estaban bien. No leí a fondo la noticia pero algo pasaba y quería saber qué. Salí de casa, pasé por el almacén de siempre, pero estaba cerrado. Esta vez sí le di importancia porque era raro que esté cerrado. Caminando le pregunté a un vecino si no sabía qué pasaba. Se quedó helado, mirándome como si fuera una pared. Las cosas se tornaban muy raras, no entendía nada. Llegando a mi oficina vi que prácticamente la fábrica estaba cerrada. Esto no puede ser. Fui corriendo a casa. Mirando la tele, en el noticiero, vi que toda la zona donde vivía había sido evacuada por amenazas que venían de un lugar desconocido. Ese momento me dejó en shock, miedo, nervios, inquietud, todo junto me invadió. No pensé y actúe, corrí por todos lados pidiendo ayuda, grité por todos lados. Ni una señal de vida. Tenía miedo. No sabía qué hacer.
Volví a casa. Supuse que de quedarme ahí estaría seguro. Con todo lo que sentía me era imposible dormir pero, de a poco, se  fue y pude al menos relajarme.

Al día siguiente.
Me desperté. Hoy sí que tardé. Estaba muy cansado aún con lo poco que había dormido. No tenía pensado ir a trabajar, pero sí salir a buscar algo. Junté coraje y valentía y salí. Dejé de lado el miedo y caminando, tranquilo. Vi que estaba todo normal: el almacén abierto, los vecinos hablaban ¿Pero? Ayer esto era todo. Yo, loco no estaba y como yo sabía que nada andaba bien, me tomé el tiempo de preguntarle al vecino qué pasaba. Cuando lo saludé, él simplemente me dijo: ”Holograma no identificado”. Sonaron sirenas, parpadearon luces y todo me llenó de miedo. Corrí sin saber adónde iba, sólo quería alejarme. Saltando un paredón, tropecé con unos cajones y me caí. Lo último que me acuerdo fue que el golpe dolió mucho.

Fecha: no sé. Ubicación, menos.
Está de más decir que el miedo se hacía presente en mí, mucho más sabiendo que nada estaba bien. Logré abrir mis ojos y ver a mi alrededor. Nada era familiar. Se escuchaban gritos, golpes, pedidos de auxilio, hombres, mujeres, chicos y chicas, llorando. Esto no está nada bien.
Una vez que tuve noción de dónde estaba, una especie de celda, me puse a ver a mi alrededor y pude ver que claramente no estaba sólo. Alto, pelo largo, voz gruesa y apariencia de vagabundo, se asomó un hombre. Sin saber qué pasaba, morí del susto. Él me dijo: “No soy a quien le debes temer, chico". Aún con miedo, pregunté quién era. Dio un paso hacia adelante y ya nada tenía sentido. Era mi vecino, el que no hablaba, el que cuando pregunté qué pasaba, simplemente me miró con una mirada fría y escalofriante. Asustado, pregunté qué hacía ahí conmigo. Me explicó todo, cada detalle. Lo que estaba pasando era que la amenaza había sido por parte de seres desconocidos que tomaron la tierra como punto para crear su nueva colonia. Todo esto aseguraba él. Yo, sin entender nada, tomé eso con seguridad porque él tenía pinta de no estar desde el mismo tiempo que yo ahí. Le pregunté cuánto tiempo hacía que estaba acá él. La respuesta fue una cosa de no creer: 27 años eran los que él había estado ahí. Mi cabeza explotó. Nada cuadraba. Me pregunté por mamá. Obviamente, sin respuestas.

Horas después…
Tenía hambre. Supuse que hace 27 años que no comía pero, de ser así, ¿qué hacía vivo. Le pregunté a mi vecino que si él comía. Me respondió que sí, que siempre a cierto horario daban algo para comer. Me dijo que abrían las celdas y ordenadamente sacaban a la gente a comer. Le pregunté: “¿Quiénes las sacan?”. Me respondió con cara de miedo, impresión y algo de timidez, pensando que no iba a creerle. Ellos, los malditos que nos tienen así. “¿Quiénes?”, le pregunté. “Míralos con tus propios ojos”, respondió. Eran súper altos, tenían cuerpos con figuras humanoides y su idioma era imposible de entender. Con terror y miedo sólo seguí a las persona delante de mí. Una vez en donde se nos daba la comida, logré muy a lo lejos ver lo que parecía ser mamá. No pensé en lo que podría pasar y corrí hacia ella. Mi grito fue muy reconocible. Sin dudarlo, se dio vuelta y corrió hacía mí. Como era de esperarse, unos con más dudas que otros, nos preguntábamos qué pasaba. Dos de los fenómenos se nos acercaron y nos llevaron a un cuarto mucho más grande que aquel en el que estaba yo antes. Se escuchaba una voz ronca, muy gruesa. Ésta sí se le entendía. Mamá, llena de miedo, abrazada a mí, sólo rogaba que todo terminara. Verla a mamá así era lo que más me fastidiaba. No me importó nada y empecé a golpear todo con el simple fin de que, quien sea que fuera el que hablaba, me escuche. Todo fue exitoso porque lograron escucharme. Se abrieron las puertas de la celda y sin miedo enfrenté a quien suponía era el de la voz.
 –¿Quién eres y que quieres de nosotros? -le grité sin miedo de  saber qué podría pasar.
El con su fija mirada en mí, se acercó y me dijo:
 –Tienes coraje.
Sin importarme, le pregunté por qué nos tenía así. Explicó que tenía el plan de colonizar la tierra y destruir a los humanos. Esto me sacó mucho peor, pero, esta vez, pensé y dije:
 –¡No lo hagas!
Fue justo cuando me dijo que vio el coraje en mí y decidió darme una chance.
 –Viendo tu coraje y valentía, estoy dispuesto a darte una oportunidad para salvar a tu pobre mundo -dijo sin sacar mirada de mí.
Acepté, obviamente. Él me dijo que esto consistía en una prueba que iba a dejar en claro si era capaz de que mi valentía y coraje puedan salvar al mundo. Me indicó que el reto era una especie de arena y que iba a ser una simple lucha. De ganarla, seríamos libres.

Tiempo después de lo sucedido…
Se me había otorgado el poder elegir un arma para poder pelear. Llegando al lugar en el cual iba a seleccionar mi arma, llegó mi vecino desesperado y agitado:
 –¡Elige bien tu arma, no es cualquier bestia! -dijo.
Esto me inquietó un poco e hice caso a la indicación.
Una vez en la arena de batalla…
Todo era raro. El aire, el cielo e incluso los alrededores, todo formaba parte del plan de colonizar la tierra. Ya a nada de empezar el combate, se escuchaban fuertes, enormes y pesados pasos. No me gustó para nada. Al poco tiempo, se asomó una sombra gigante con apariencia a un dinosaurio. Y sí… Era imposible de creer: un gran dinosaurio. Dio arranque el combate. Nada me importaba. El miedo no era rival contra mí y sin más que pelear, comencé a darle por todos lados. Ya pasados unos minutos, no podía más. Estaba muy cansado y ya sin aliento. Se escuchó a lo lejos:
 –¡Su punto débil es el pecho!
Sí,  era mi buen vecino. Rápidamente, ataqué a esa parte y lo único que quedaba por hacer era ver cómo caía la bestia y todo el mundo impresionado.
Luego de la batalla…
“Bien hecho humano, es increíble y a la vez frustrante ver cómo derrotaste a mi bestia. Ahora sí tengo el honor de concederte tu tierra y sin nada que decir, marcharme”. Todo se había acabado. Era el fin de la terrible colonización de la tierra.
Después de todo esto, se nos concedió la tierra de nuevo. La especie humanoide que quiso terminar con la tierra se marchó.  La tierra quedó sana y salva.

(Por Bautista Fusto, de 3°1°)


jueves, 8 de noviembre de 2018

Recuerdos (Sebastián Ceballos)

Cuento de ciencia ficción

Recuerdos

  “Wind Cap” era un pueblo donde las personas vivían aterradas por misteriosas muertes y desapariciones ocurridas en los años 80.
En 1976, un hombre, harto de su familia y su pueblo, decidió ganar dinero suficiente como para irse y olvidarse de todas esas asquerosas personas, incluyendo su esposa. Su idea era inventar algo nuevo, algo que no se haya visto antes. Y aunque fracasó, se fue de todas formas, dejando a su esposa y a su hija. Nunca volvió, lo tomaron como desaparecido, dos semanas después, ya que nadie lo vio salir del pueblo. Desde ese día, las personas comenzaron a desaparecer sin dejar rastro.
-Todavía no sabemos qué es lo que causa todo esto. Les pedimos que por favor que mantengan la calma mientras investigamos. Muchas gracias.
Así fue como el alcalde dio la noticia a Wind Cap y, como cualquier persona corrupta, él no pensaba en su pueblo. Por lo cual las desapariciones eran cada vez más frecuentes.
Durante el entierro de Jessica Jefferson, quien murió de leucemia a los 11 años, su madre, Jerry Thomson, notó en la lápida del padre de Verónica Marsh una fecha distinta a la de su muerte, aunque no le prestó mucha atención por la pérdida de su hija.
El padre de Verónica murió de un paro cardiaco a los 68 años. Pero según la lápida, las personas y hasta su maltratada esposa, Mery, dicen que se suicidó a los 47 años, antes de tener a Verónica, pero Mery afirmó no conocer ese nombre.
Jerry se dio cuenta de que algo no andaba bien. Quedaban pocas personas en Wind Cap y el alcalde ya no sabía qué hacer. Dijo que, si esto seguía así, el pueblo quedaría vacío el año siguiente. Desde ese momento, el alcalde comenzó a preocuparse por su pueblo.
Por la pérdida de su hija, Jerry comenzó a recordar a su esposo, a quien ella creía haber visto en varias ocasiones, más que nada en el sótano donde se encuentra todo lo de él. Ella afirmaba que era solo su mente. Por eso, esta vez, bajó al sótano y revisó todo acerca de su esposo, mientras su rostro sin vida la miraba fijamente.
En una caja estaba escrito “Philip Jefferson” y dentro había miles de planos con dibujos y escrituras que a ella le parecían extraños.
En el fondo de la caja encontró dos cintas de su esposo:
1° Cinta: “estoy harto de todas las asquerosas y repugnantes personas que viven en este maldito pueblo. Planeé irme de este lugar desde hace tiempo, pero se me ocurrió algo mejor.
Planeo hacer desaparecer a cada persona de este mugroso lugar, y sé cómo hacerlo sin ser atrapado”.
2° Cinta: “Decidí inventar una máquina que, a través de los recuerdos, pueda viajar por distintas fechas temporales. Claro que solo podré viajar al pasado, pero valdrá la pena”.
Philip secuestró a cada anciano del pueblo y los utilizó en su máquina para asesinarlos antes de tener a sus hijos.
En Wind Cap ya nada se pudo hacer, cada persona del lugar dejó de existir sin dejar rastros.
La última persona que utilizó fue su madre, para viajar a la fecha donde vio por última vez a su padre. Philip tan solo tenía 10 años cuando su papá falleció. Fue antes de su 11° cumpleaños, él lo recordaba muy bien. Estaba lloviendo, su madre, con un vestido amarillo muy llamativo, lo sujetaba y lo abrazaba como si estuviera abrazándose a ella misma. Su padre estaba acostado con un suero y los enfermeros, rodeándolo como una manada de lobos tratando de agarrar lo que podían de aquel pequeño conejo, débil y ya sin vida. Philip, en ese momento se arrepintió de haber cortado el cable del oxígeno y, sin pensarlo dos veces, decidió saltar de aquel balcón, donde murió el 18 de febrero de 1949.

(Por Sebastián Ceballos, de 3°1°)

miércoles, 7 de noviembre de 2018

El problemático viaje al futuro

El problemático viaje al futuro

En el año 2089, en New York, un par de científicos llamados William Jouse y Amadeo Armando querían viajar al futuro para ver cómo había evolucionado su creación: un robot que cumplía funciones como ayudar a ancianos, a niños, etc. . Para eso, deberían construir una máquina del tiempo.
Buscaron todo lo que necesitaban para construir su nave, con mucho esfuerzo y trabajo. Días después, la máquina estaba casi lista, pero faltaba un pequeño detalle: necesitaban una planta de energía que hiciera que la máquina del tiempo encendiera y pudiera viajar al futuro. Pero la planta estaba casi extinta, así que el viaje al futuro demoraría más de lo planeado. 
A la mañana del otro día decidieron ir en busca de esa planta. Fueron a Nigeria, lugar donde se habían visto por última vez. Buscaron por todas partes, por mar y tierra pero no lograron encontrar ninguna planta.
 Mientras volvían a la gran ciudad sin su planta de energía,  decidieron mandar a informar por radio local que la necesitaban.  Al llegar, se encontraron con un hombre que era propietario de una planta de energía. El hombre dijo que se las daría sin algún problema, pero había una condición, que los científicos le tenían que construir un robot para él. No hubo ningún problema: se lo construyeron muy rápido y así, el señor les entregó la planta para que los científicos pudieran hacer su viaje.
Ya con la planta de energía lista, los científicos partieron hacia el futuro en su máquina para rencontrarse con su robot Hervie .
Una vez en el futuro, tenían que ubicar al robot y eso les iba a tomar días.
Así que los científicos construyeron un rastreador de robot para encontrar a Hervie. 
Pasó un día y por fin lograron ubicarlo, viajaron hacía él y una vez que llegaron, de inmediato Hervie se dío cuenta de que estaba enfrente de sus creadores. Ellos estaban muy felices al reencontrarse, compartieron unas copas y luego de un rato, los científicos volvieron a su tiempo.

(Curso: 3°1°)

Alienígenas en la Tierra (Evelyn Pacheco)

Alienígenas en la Tierra

Isaías era un nene de 10 años que desde chiquito miraba dibujos de alienígenas. A medida que fue creciendo, deseaba ser uno de ellos. Su mamá le decía que no iba a poder convertirse en un alienígena porque esas cosas no existían.
Pasaron dos años e Isaías seguía con la intención de ser un extraterrestre. Un día él estaba muy entretenido mirando la tele y vio que la NASA anunció que los extraterrestres estaban cerca de nuestro planeta. Muy entusiasmado fue a contarle a su mamá que su sueño podría ser realidad. Ella, muy enojada, le dijo que dejara de ver esas cosas, porque nada de eso iba a pasar jamás. Fue corriendo a la pieza de Isaías y le rompió todos los posters, revistas,  películas y su play de los extraños alienígenas. Isaías se enojó mucho con su madre y escapó, pero no tenía adonde ir y no buscó mejor solución que quedarse abajo del puente.
Se puso a mirar las estrellas y vio que una brillaba mucho e hizo que se le pusieran los ojos con lágrimas. Le parecía todo muy extraño, el anuncio de la NASA y la estrella brillante. Pasaron dos días y su mamá no sabía nada de él, hasta que decidió volver a su casa.  Una semana después, Isaías volvió al puente para observar las estrellas y vio que la estrella brillante seguía ahí.
La NASA volvió a anunciar que los extraterrestres podrían aparecer en cualquier momento. Por lo tanto tenían que estar todos refugiados. La mamá de Isaías tenía mucho miedo, pero como él sabía mucho de ellos, no temía.
Llegó el día y llegaron los extraterrestres. Todos estaban tristes menos Isaías. Él estaba feliz de verlos.
Los alienígenas bajaron de su OVNI y dijeron que venían en son de paz a buscar al elegido. Toda la gente, asombrada, se miraba entre sí, preguntándose quién serÍa el elegido. Cuando nombraron el nombre "Isaaliens" (ese nombre tenía puesto en el juego de la play), ellos dijeron que se comunicaban con Isaías por ahí, y veían absolutamente todo. Nadie creía lo que estaba pasando.  Isaias quedó asombrado, creía que su sueño se estaba por cumplir.
Como todos pensaban que ellos querían acabar con los humanos, empezó una guerra. Entonces, los extraterrestres empezaron a llevar gente a planetas distintos, hasta que   también agarraron a Isaías y a su madre. A los dos los mandaron por caminos diferentes, acabaron con todos los humanos, separaron familias, etc.
Y así fue como acabó todo, Isaías se fue con los Alienígenas y su mamá, muy triste, a otro planeta.
Al pasar el tiempo, en el planeta donde le tocó vivir a la madre de Isaías, había muchas necesidades y era maltratada por personas que habitaban  desde antes.
Por otro lado, Isaías estaba muy bien con los Alienígenas. Pero presentía que algo andaba mal. Pidió ayuda a los extraterrestres y les preguntó si se podían contactar con su mamá.
Al comunicarse con su madre, logró ayudarla, sacarla del planeta y llevarla con él.
Los alienígenas nuevamente los recibieron con mucha paz. La madre no podía creer que todo de lo que hablaba Isaías de los extraterrestres era verdad.
Finalmente, él y su mamá vivieron una vida feliz y sana.                 

(Por Evelyn Pacheco, de 3°1°)

Un viaje al futuro (Solange Roldán)

Cuento de ciencia ficción:

Un viaje al futuro

Era un día especial para Martín, era su último día de clases. Estaba emocionado de que las clases terminen.
En este último día, sus compañeros y profesores se estaban despidiendo en las horas de clases, ya que no se iban a ver más, pero Martín solo quería irse. Él ya estaba cansado de la misma rutina de siempre y solo quería descansar. Le daban igual las despedidas de las personas de su colegio porque no les tenia afecto, solo iba a estudiar.
Martín era un niño muy comprometido con sus cosas y deberes. Era un niño que se podría divertir con cualquier cosa, con una gran imaginación y su alegría hacía feliz a cualquiera.
Al terminar la hora, todos los niños estaban contentos, guardando todas sus cosas para ir a sus casas. Tocó el timbre y todos salieron a sus transportes. Martín subió tranquilo y se sentó para pensar en qué hacer cuando llegue a su hogar. Estaba todo muy normal, hasta que de repente se escuchó un gran ruido como si hubieran chocado contra algo. Todos estaban paralizados y asustados a la vez. Se empezaron a alterar porque querían saber qué estaba pasando.
Al salir del transporte, en el medio del camino, vieron a una nave futurística, ovalada y con una forma un poco rara. Entonces se abrió una puerta de donde salieron tres hombres con unos trajes extraños. Tenían una tableta en la mano y empezaron a hablar:
-¡Hola, personas del pasado! Nosotros venimos del futuro. No venimos a hacer daño a nadie, solo queremos a una persona: Martín Sanchez. Si estás aquí, acércate por favor… Necesitamos tu ayuda para salvar el futuro y que todo sea como antes. Puedes confiar en nosotros, no te haremos daño.
Martín se acercó. Todos lo estaban mirando a él para ver qué haría. Se dirigió hacia ellos y dijo:
-Si es para salvar al mundo, haré lo que sea necesario.
Martín entró a la nave. No sabía cuánto tiempo iba a tardar. Se mostraba seguro, pero muy nervioso por dentro.
Los hombres le dijeron: 
-Martín, muchas gracias por aceptar, nosotros ya sabemos de ti, tienes una gran imaginación y tienes algo que puede ayudarnos. Nosotros estamos en peligro por la culpa de la tecnología, todo el mundo se arruinó gracias a eso. Nadie es feliz, no conocen el mundo como deberían. Necesitamos quitárselo y destruirlo para que vean el bello mundo.
Martín los miro y dijo:
 -Díganme qué debo hacer y lo haré, esto no está bien.
A Martín se le ocurrió la idea de hacer un gran satélite que los desconecte a todos para jamás prenderlos. Su plan funcionó hasta que empezó a enseñarles qué es vivir la vida realmente. 
Mucha gente luego le agradeció y se quedó para seguir siendo feliz.

(Por Solange Roldán, de 3°1°)

lunes, 15 de octubre de 2018

Sueño cumplido (Cielo Caballero)


Relatos de ciencia ficción

Sueño cumplido

Beltrán, un joven de 18 años, tenía un sueño desde pequeño, que era  teletransportarse a cualquier parte del mundo o al futuro, como ocurría en las películas. Su familia no estaba de acuerdo en que tenga ese tipo de ideas en la cabeza, porque decían que era mentira, que sólo pasaba en la televisión.
 A él no le importó, porqué lo único que quería era llegar a cumplir ese sueño tan anhelado, con o sin ayuda de ellos.
 Su amiga de la infancia, Flavia, sabía desde que eran niños de su sueño. Beltrán le dijo si le podía ayudar a averiguar dónde podría llegar a conseguir la máquina o si alguien lo podía transportar. Su amiga le dijo que no tenía idea de dónde podrían llegar a conseguirlo, pero que podrían investigar por Internet. Él enseguida dijo que sí, que quería averiguar por Internet.
Flavia era una chica que cuando se le ponía algo en la cabeza no paraba hasta conseguirlo, y más si se trataba de cumplir el sueño de su amigo, aunque a la vez le asustaba, porque tenía miedo de que le pase algo, o de que nunca volviera.
 A la hora, Flavia gritó muy alegremente:
 –¡Amigo, amigo, amigo!
  –¿Qué, amiga?  -dijo él-. Encontré una página donde dice que venden máquinas para transportarse, encima están a muy buen precio.
 Beltrán se puso muy feliz, pero al rato se puso a pensar: “¿De dónde sacaré el dinero?”.
 Flavia dijo:
 –No te preocupes. Con tus ahorros y los míos, te la compras.
Fueron los dos al lugar donde vendían esa máquina, tocaron la puerta de la casa y un señor se la dio, pero  le dijo que tenga mucho cuidado y que la cuide, porque podía llegar a fallar si no cumplían las reglas que pide la máquina.
 –Por fin,  llegó la hora de que cumpla mi sueño -dijo Beltrán, muy emocionado.
 –¿A qué  parte piensas ir? -dijo su amiga
 –Quiero transportarme al futuro, más o menos unos quince años, para ver qué pasará conmigo o con el mundo en ese tiempo.
 –¿Estás seguro? -dijo ella.
 –Sí, completamente -respondió Beltrán. Nunca estuve tan seguro de algo en mi vida.
 – Amigo, si te llega a pasar algo o no vuelves, ¿qué haré?, ¿qué explicaciones le daré a tu familia?
_No te preocupes, amiga, volveré y va a seguir todo como hasta ahora, sólo déjame cumplir mi sueño.
Beltrán abrió la caja y construyó la máquina según los procedimientos que se indicaban. A la media hora, ya la había construido. Ya estaba totalmente todo hecho para que se transporte al futuro.
  –Llegó el momento, -le dijo él a su amiga.
 Ella le respondió:
 –Mucha suerte, amigo, te esperaré cuando regreses.
 Beltrán se puso adentro de la máquina, apretó el botón y una luz lo transportó.
 Al instante, se encontraba en un lugar muy extraño que no parecía el futuro, era como una ciudad  totalmente desecha, todo destruido, personas muertas, la naturaleza toda destruida, edificios , absolutamente todo derrumbado. Beltrán, al ver eso pensó y dijo: “¿Esto será el futuro en quince años?, estaremos todos muertos, el mundo ya no existirá, todo estará destruido”.
Agarró la máquina, apretó el botón y volvió al lugar en donde estaba con su amiga. Le contó a ella todo lo que pasaría en quince años. Flavia, muy sorprendida y a la vez asustada, le dijo a Beltrán:
  –Disfrutemos de la vida, amigo, porque cuando pasen quince años, ya no estaremos en el mundo, y quiero estar con vos y disfrutar esta hermosa amistad, hasta que pase eso en el mundo.
 Él le respondió:
  –Sí, amiga, tienes mucha razón, hay que aprovechar y vivir la vida al máximo.

(Por Cielo Caballero, de 3°1°)

La pena de la guerra (Romel Machicado Calla)


Relatos de ciencia ficción

La pena de la guerra


Era un 14 de julio de 2026.  Yo tenía 15 años cuando empezó la guerra por el control del mundo. Las cosas ya no son como antes después de la Tercera Guerra Mundial, que duró seis años y medio. 
Yo estaba en la escuela charlando con mis amigos cuando se escuchó un ruido muy fuerte. Todos salimos afuera a ver lo que pasaba. Miramos arriba: por el cielo se veía cómo volaban aviones. En ese momento, no sabía qué pasaba ni lo que ocurría. Las clases habían terminado rápidamente. Me fui  a la casa de mi mamá. Pero ella no estaba, me había enviado un mensaje diciendo: “Hijo, fui de compras. Vuelvo dentro de  una hora . No salgas de la casa y cierra las puertas y ventanas”. Rápidamente corrí y cerré todas las ventanas y la puerta. De pronto, escuché un ruido: 
“Tin-tin-tin…” 
Era mi celular. Me había llegado un mensaje de mi papá que decía: “Querido hijo voy a partir a la guerra . El presidente ha dado la orden de atacar China y Rusia. Querido hijo , te juro que voy a volver de la guerra .Cuida a tu mamá.”
Me quedé inmóvil y sorprendido de lo que pasaba. Me había dado cuenta porque cuando estaba en la escuela y volaban aviones de guerra. De pronto, mi mamá llegó con cajas de comida enlatada. Le pregunté:
 –¿Dónde está mi papá? ¿Por qué no llego a casa? 
Yo, sabiendo lo que pasaba, solo me hice el tonto. Ella me dijo que estaba trabajando.
Luego de un rato, encendí la televisión. En las noticias decían
 –La Tercera Guerra Mundial ha comenzado. Estados Unidos ataca a China y Rusia . Les recomiendo estar en sus casas y no salir afuera por órdenes del presidente Juan Patricio. Después de oír el comunicado, se escucharon ruidos. Fui a ver qué pasaba. Afuera, en el cielo, vi cómo caían desde el cielo las bombas. Fui a avisar a mi mamá. Ella me dijo que corriéramos hacia el bunker que había construido mi papá hacía unos años.
Adentro tuvimos que estar casi toda la guerra. 
Era muy aburrido adentro, no sabía qué hacer. Afuera se escuchaban todos los días explosiones. Después de un par de horas, ya no se escucharon ruidos. Con mi mamá salimos afuera a ver cómo quedó nuestro vecindario.
 Todo estaba destruido. De pronto, pasaron tanques rusos. Con mi mamá nos escondimos en los escombros de la casa. Entraron al búnker y se llevaron todo lo que había adentro. Ya no había comida. Todo se había acabado. Yo tuve que ir a buscar por la ciudad y los barrios comida. Era tomar algo y salir corriendo porque era peligroso afuera. Pasaban autos con soldados enemigos. Una vez casi me atrapan, pero no lo hicieron porque me escondí en una cloaca. Cada día era difícil. Ya no había agua.  Juntamos lo que podíamos con mi mamá, pero no bastaba.
En los últimas semanas de guerra, en la radio decían “ La guerra está a punto de acabar . Nuestros enemigos han tomado nuestras bases de guerra y lo último que nos queda es mantener la Casa Blanca en pie.” 
Mi papá había muerto. En la radio escuché que mi padre había muerto. Mi mamá se puso a llorar. Pero ella me dijo que lo importante era que estábamos vivos. 
Algunos años después, en la radio seguían diciendo que la derrota estaba concretada. Eran los últimos días de guerra. Mi mamá estaba alegre porque habíamos sobrevivido toda la guerra. A ella no le importaba que fuéramos dominados por otros.  “Lo importante es estar vivos”. Eso era lo que me decía ella.
Yo también estaba alegre, pero afuera se seguían escuchando ruidos de soldados y tanques . Con mi mamá nos escondimos, pero ya era tarde: nos habían encontrado. Les pregunté, gritando:
 –¿Qué van hacer con nosotros? ¡Díganme!
Ellos nos respondieron que lo sabríamos muy pronto. 
Pasamos la noche cautivos. Al día siguiente, nos dieron de comer, pero al mediodía nos hicieron levantar para matarnos. 
Llorábamos, les suplicábamos, pero igual no les importaba.
Y de todos modos nos mataron.
 Pero de pronto, desperté. No sabía qué pasaba ¿No estaba muerto?, decía. 
Los soldados habían escrito cerca del bunker:
“Estas personas no son las que provocaron la guerra. Fue su presidente y sus gobernadores”.
Todo esto era un experimento de la CIA , que utilizaba personas en campo de concentración para ver si sobrevivían en una guerra. 
Pero el experimento sigue en prueba.   

Aquel día (Malena Calla)


Relatos de ciencia ficción

Aquel día

          “Sabes que evitando tus problemas no resuelves nada…”

 -¿Qué sentiste Brigitte? – le preguntó Cannan .
-No sé cómo explicarlo, pero… Tuve mucho miedo – dijo Brigitte.
-¿Cómo que miedo? ¿Qué pasó ahí adentro? – le preguntó muy angustiado.
-No quisiera hablar de eso hoy -respondió Brigitte, casi sin ganas de mirar a Cannan.

 Brigitte se dirigió hacia su casa, pensando en lo que vio a la hora de entrar en el portal dimensional. Entrando, vio a su hermana sentada mirando televisión. En eso, la hermana se dio cuenta de que llegó Brigitte, y se lanzó hacia ella para llenarla de abrazos y besos.
 -¡Hermanita!- dijo Gina, la hermana menor de Brigitte .
-¿Cómo estás dulzura?- le preguntó cariñosamente a la hermana.
-Bien, pero cuéntame que se sintió entrar allí; dime qué pasó; quiero saberlo todo- dijo Gina muy ansiosa.
-Bueno … no creo que sea conveniente contarte, pero estuvo increíble la experiencia -sonrió y se fue a su habitación, muy cansada.
 Brigitte cerró la puerta de su alcoba y se recostó en su cama, tapándose la cara con la almohada.
    A la mañana siguiente se dirigió para su trabajo, y al entrar se encontró con Cannan muy emocionado. Entonces, se acercó a él y le dijo, con una pequeña sonrisa:
 -Oye, ¿Qué pasa? ¿Por qué tan feliz? 
-Me habló el director, le comenté del progreso del proyecto, y también mencionó que lo quería ver con sus propios ojos- respondió algo nervioso.
-¡Ah, que bien!- expresó Brigitte, saltó y abrazó a Cannan- Y… ¿Como a qué hora va a venir el director? – preguntó la joven.
-Mmm … supongo que a la tarde – dijo Cannan también intrigado.
 Entonces, en lo que esperaban al director, los dos muchachos se encargaron de tomar todas las precauciones necesarias para que nada salga mal.
     Cannan le dio algunas indicaciones de cómo sería entrar al portal dimensional, ya que lo había modificado un poco, y en eso le explicó:
 -Ten, ponte estos lentes de contacto.
-Yo no quiero cambiar el color de mis ojos- respondió Brigitte indignada.
-No, criaturita. Mira … estos lentes de contacto no son para eso, estos son para que puedas grabar lo que vives allí adentro. Sería como grabar con lo que conocías como celular, con la diferencia de que te lo colocas en el ojo- le explicó.
-Parezco una tonta- dijo soltando una mínima risa – pero todo es muy nuevo para mí. Parecía ayer, que leía las obras de Ray Bradbury e imaginaba el futuro que hoy me rodea.
-Hablando de eso, nunca hemos charlado sobre aquel día, quisiera saber qué pasó – dijo Cannan.
-Bueno … todo pasó a mediados del año 2022, tenía solo 16 años y me fascinaba mucho todo lo que pasaba en el mundo. En ese año, la empresa norteamericana “SpaceX” lanzó la misión de carga a Marte, para ver si podía ser poblada – dijo Brigitte.
-Jaja, lo que se logró muy bien – comentó Cannan.
-Sí, eso creo – respondió Brigitte con la mirada perdida.
-¡Sigue! ¡No pares! – le dijo Cannan a Brigitte, sacudiendo sus hombros.
-Bueno, bueno … antes solíamos ir con mi hermana a muchos lugares donde no acostumbraban a andar personas.
     Un día, simplemente fuimos por un bosque, y vimos como una especie de colina, entonces decidimos bajar por ella. Al bajar, Gina vio una puerta en un árbol. Nos acercamos y, para sorpresa de las dos, la puerta estaba abierta.
Adentro del árbol se encontraban escaleras que llevaban hacia abajo. Por lo tanto, decidimos bajar con Gina, y encontramos máquinas. En ese momento, yo las reconocí: eran cápsulas criogénicas. Había leído sobre ellas desde que era muy chica.  Empezamos a ver si funcionaban y, para colmo, sí lo hacían. Cada una se metió en cápsulas diferentes. Sin pensarlo, las puertas se cerraron solas, todo comenzó a enfriarse ahí adentro – Brigitte inició un pequeño llanto – lo último que vi, fue la cara de Gina con desesperación.
-No sigas, si no quieres – dijo Cannan, abrazando a Brigitte.
-No, no … después de todo eso, ya sabes como terminó la historia, tu padre nos encontró y nos brindó un lugar muy hermoso para vivir – le respondió a Cannan, mientras se secaba las lágrimas.
       En ese momento tan tenso, se escuchó la puerta y se vio entrar al director Elon Musk, también fundador de SpaceX.
-Buenas tardes – dijo el señor Musk – no estoy interrumpiendo algo, ¿Verdad? -.
-No, no para nada señor. Ya estamos listos – dijo Brigitte algo emocionada.
         Brigitte se metió en el portal para poder hacer la demostración, pero en eso, algo salió mal. Cannan no pudo manejar la carga que se necesitaba para controlar el portal.


        Brigitte despertó en un lugar de su infancia: era la escuela donde iba cuando ocurrió su desaparición.
        En un momento se vio a sí misma entrar por la puerta y sentarse al lado de ella, pero lo más inquietante fue que tenía un espejo frente suyo y no se reflejaba nadie ni nada. Brigitte de repente sintió que estaba en una caja, y empezó a golpear a su alrededor, hasta que bajo la cabeza y se encontró en un lugar muy diferente.
         En este lugar solamente se encontraba ella portando un hacha y un árbol, estaba desolada, no podía comprender nada de lo que sucedía. Entonces, lo más lógico que encontró para hacer fue, sentarse y llorar. Sintió una mano que le tocó el hombro. Era un chico rubio, de ojos color pardo, pálido y muy alto.
-¿Por qué lloras? – le preguntó el chico.
-No sé qué pasa, tengo mucho miedo – respondió Brigitte.
            El chico la agarró de la mano, hizo que Brigitte se levante, y de repente aparecieron en un cuarto con muchos objetos.
 -Mira, es muy bonito ¿No? – le dijo él, mostrándole un gato.
-Sí, está lindo – respondió Brigitte con intenciones de agarrarlo, pero simplemente la atravesó, como si fuese un fantasma.
              El muchacho le seguía mostrando cosas, pero lo que Brigitte no entendía era por qué ella no podía tocar las cosas por ella misma, pero cuando las tenía él, sí las podía tocar con facilidad.
             En un momento él le dijo:
-Me gusta mucho tu nombre.
-Ah, ¿Sí? A ver y … ¿Cómo es mi nombre? – dijo ella.
         El joven buscó un espacio en blanco entre las paredes de la habitación, agarró un pincel y escribió la palabra “SONY”, dejó el pincel en el piso, se dirigió hacia Brigitte y le susurró en el oído:       
              “Sabes que evitando tus problemas, no resuelves nada…”



(Por Malena Calla, de 3°1°)

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