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sábado, 10 de noviembre de 2018

Obsesión literaria (Maia Rodríguez)

Relaciones intertextuales

Obsesión literaria

Las pupilas de la chica rubia se dilatan al tiempo que recorre con la mirada cada palabra de las últimas páginas del libro que sostiene en sus manos. Al cabo de una hora ya no había más que leer. La lectora, Elena, deja ir un suspiro cargado de ese sentimiento que tienes cuando terminas una buena historia, al mismo tiempo que gira el libro para ver la contratapa y admirar la imagen de su escritor: "Jorge Luis Borges". Es inexplicable el torrente de sentimientos que le provocan leer y pronunciar  con sus labios carmesí ese nombre. Se aproxima a su biblioteca personal ubicada al lado de su mesita de luz y coloca el libro en un estante. La bibliófila tiene en su poder cada uno de los libros de Borges, incluyendo traducciones, ensayos y colaboraciones con otros escritores. 
Los días pasan y ella realiza su monótona rutina como si de una máquina se tratara, programada para hacer todos los días lo mismo. Su salud mental se deteriora, y lo peor, no tiene a nadie que le diga que tiene que detenerse o va a acabar con ella misma. Recuerda el consejo que le dio su madre antes de enfermarse y que todo se vaya a la mierda. Cuando Elena le expresó que sentía deseo de ser psicóloga, ella dijo sabiamente, con ese tono cálido de una madre que pensara cómo sería tener que escuchar los problemas de las personas todos los días, todo el día. Los recuerdos de su madre la golpean con un sinfín de sentimientos, mientras que sus ojos se llenan de tristeza, lo que nubla un poco su vista.  
Su madre se llamaba Elisa, falleció de cáncer hace seis meses, eso desató una crisis en la familia. Su padre huyó, no pudo soportar el dolor, aunque Elena sabe que en realidad se fue con otra mujer, dejándola a ella ahogándose en su propia tristeza. En ese momento, los libros, específicamente de Borges, eran su refugio a eso se debe su gran afecto al escritor.
Son las diez de la mañana, los rayos del sol iluminan el complejo habitacional, un día con estas condiciones en junio no es muy usual. Ella se dirige a su oficina, donde las paredes son absolutamente blancas y tienen cuadros de paisajes colgando de ellas armoniosamente, nada vistoso o con demasiados colores, para no alterar a los pacientes. Las horas de trabajo se sintieron abrumadoras, pero, finalmente, el último paciente del día atraviesa la puerta. Ella le sugiere que se atreva a hacer cosas nuevas, que haga algo emocionante, que su cuerpo sienta tanta adrenalina como si se sintiera que va a estallar. Es irónico, piensa, si tan sólo conocieran su vida. 
Los meses pasan y lo único que puede provocar sentimientos en Elena es leer libros de Borges. Su obsesión con él es cada vez más grande y hasta llega a ser enfermiza. Se imagina cómo sería conocerlo, de hecho, es la única motivación que tiene para seguir viviendo. 
Sube las escaleras del edificio mientras un torrente de lágrimas desciende sobre sus mejillas, arruinando un poco de su maquillaje. Está atravesando una crisis, un ataque de ansiedad de alta intensidad. Abre las puertas y se desmorona, avienta sus cosas y su abrigo y se sienta en frente de su computadora. Esta vez necesita más que leer un simple libro, necesita ver con sus propios ojos, sentir, poder tocar. La noche transcurre y lo único que consumió Elena fue café. Su investigación a fondo tuvo sus frutos, mañana mismo va a tomar un largo descanso y planea hacer un viaje. 
Allí se encuentra Elena, con la mirada vacía, con ojeras, desarreglada completamente, fuera de sí. Cualquier persona que la viera en este estado no la reconocería. Lo único que lleva consigo es un bolso de mano. Se dice a sí misma que se calme, que pronto estaría en su destino, mientras que muerde sus uñas en la espera del tren. Tras una larga investigación que duró meses al fin va a cumplir lo que ella llama “su propósito en la vida”. Se dirige a la casa de Jorge Luis Borges. Nadie sabe si la información que tiene es real, pero en el caso de que no lo fuera, ella tiene una segunda opción: quitarse la vida. Se detiene en una hermosa casa bastante hogareña, la admira por un momento hasta que se atreve a acercarse. La madera ruge con el peso de su caminata, duda por unos segundos, pero finalmente, llama a la puerta delicadamente. Sus manos están en puños al costado de su cuerpo sudando y todo en su interior se siente como si fuese a estallar. En el momento en el que la puerta se abre, siente cómo su pecho se contrae, mariposas en el estómago, siente tanta adrenalina como si su cuerpo fuera a estallar. Está a punto de inventar una mentira que pueda garantizarle el paso y estadío en el hogar del escritor... pero la realidad la golpea con fuerza: debido a la enfermedad congénita de su padre él no es capaz de ver. Elena comienza a reírse, de alivio tal vez. 
-No sé cómo reaccionar a esa carcajada señorita, de modo que solo me limitaré a preguntar quién es y por qué razón se encuentra tocando a mi puerta- exclama Borges, formando una mueca de confusión en su rostro.
Ella no se mueve. Simplemente se limita a tratar de ordenar las palabras en su cabeza.
-A veces…- susurra ella con una voz rasposa- me siento como el minotauro de “La casa de Asterión”… Sola, encerrada, prisionera de mi propia mente. Pero si tendría que contar los sentimientos que me generan tus libros… serían catorce- sonríe porque sabe que él lo entendió. 
-Son muy dulces sus palabras, señorita, pero me temo que está invadiendo mi espacio personal. Estoy dispuesto a firmar un libro si es lo que desea, pero luego tendrá que retirarse de mi propiedad. 
La presencia de la chica lo impacienta, aunque sabe que no es más que una aficionada a sus libros. 
-Lamento decirle que vine para quedarme- Elena avanza bruscamente, lo toma de las muñecas y le da un golpe en la cabeza que lo desmaya. 
Despierta y se encuentra en una silla de madera, tiene cuerdas alrededor de sus muñecas, que intenta liberar, aunque es en vano. Él ya sabe que no tiene escapatoria. Siente la presencia de alguien más en la habitación, siente su mirada, siente su respiración. 
-Sé que me estás escuchando… También sé que estarás pensando que estoy loca. Sí, lo estoy- su voz llena toda la habitación, transmite escalofríos. 
-No te preocupes, no voy a matarte, te amo demasiado para hacerlo, no lo soportaría -Elena suena tranquila.- Quiero estar en tus brazos, para siempre.
Se aproxima a la silla cautelosamente, se sienta sobre el regazo del escritor, saca una navaja y pronuncia sus últimas palabras.
-Leí que las personas mueren cuando cumplen su propósito en la vida. 
Sus manos tiemblan y sus movimientos son torpes, aunque el corte es preciso.
Elena murió en los brazos de la persona que más amo en el mundo. Jorge Luis Borges murió por inanición. 
… 
Tal vez esto hubiera pasado si ese día, cuando una admiradora tocó la puerta de mi casa, yo estuviera sólo. Quién lo diría, si hace un par de meses me hubieran preguntado si algún escribiría una historia sobre mí mismo, respondería un no rotundo. 
¿Borges escribiendo una historia sobre Borges? Suena absurdo, pero es lo que acabo de concluir. Cabe recalcar que tanto el nombre, como la vida de Elena son meramente ficción.

(Por Maia Rodríguez, de 4°1°)

miércoles, 7 de noviembre de 2018

El pintor Martín Fierro (Angélica Armijos)

Cuentos en relación intertextual con los textos leídos en clase

El pintor Martín Fierro

Fierro, más conocido como Don, el mejor pintor de Argentina, era  odiado por varias personas que compartían su profesión. 
Él sabía que a pesar de ser un gran pintor no era el mejor ejemplo a seguir, ya que él tenía una doble vida. Aparte de tener a su esposa, Clotilde, tenía a su querida amante, Esperanza y no es que él le viese algo malo al hecho de tener una amante, todo lo contrario, le parecía sumamente normal; sin embargo, algo dentro de él le inquietaba tanto que inclusive llegaba a perturbarlo por momentos. Pero solo era así por momentos, nada más.
Un 11 de junio de  1871  se celebró el  primer aniversario con su amante Esperanza, así que Don la invitó a un hotel en la ciudad de Buenos Aires.
Don llegó al hotel esa misma noche de su aniversario junto con un hermoso ramo de girasoles para su querida  amante  Esperanza, de 27 años de edad. Al momento de entrar a la habitación, observó a su amante besándose con su esposa Clotilde. Casi instantáneamente  empezó a gritar y a decir que no tenían vergüenza por lo que estaban haciendo. Clotilde se molestó tanto que le dijo  a Don que quién se creía para decir eso, cuando él había sido el primero en ser infiel. En su derecho o no, dentro de todo Clotilde, tenía razón… mucha razón.
Al oír todo el estruendo, el señor de la recepción del hotel entró al cuarto donde se encontraba el triángulo amoroso para ver qué estaba pasando. Al entrar las dos mujeres guardaron silencio, mientras, Don seguía hablando. Don continuó una serie deargumentos en contra de Esperanza, hasta que se percató de la presencia del señor recepcionista.
Pedro, el señor recepcionista, se llevó una tremenda sorpresa al percatarse de que el mismísimo pintor Fierro se encontraba involucrado en semejante problema.
Al ver esa situación, decidió marcharse de la habitación. Don siguió para pedirle el favor de que no cuente nada de lo que vio a nadie. Pedro le dijo que él no iba a  contar nada de lo ocurrido porque a él también le pasó eso en un momento de su vida; sin embargo, Don no lo dejó marcharse sin antes asegurarse de que no diga nada.
Esa  misma noche Don decidió marcharse del hotel acompañando de Pedro.
Los dos se dieron cuenta de que ya estaba saliendo el conflicto sobre la infidelidad de Don, la amante y su esposa Clotilde. Don, al verlo, soltó un largo suspiro.
A la mañana siguiente, Pedro despertó a Don para avisarle que la  prensa lo estaba esperando afuera de la casa. Cuando salió a verlos, inmediatamente le preguntaron qué es lo que iba a hacer ahora que todo el país  sabía sobre su infidelidad. Él respondió  que todo iba a seguir siendo como antes y que no tenían nada de qué preocuparse.
A la semana del acontecimiento, Clotilde le pidió el divorcio a Fierro y éste aceptó sin decir nada ni  pedir nada a cambio.
Todos  esos  días  que tuvo que ver el asunto del divorcio,  Pedro  lo estuvo acompañando mientras también le ayudaba a entender  los pedidos  de cuadros de pinturas que le ordenaban. Una tarde, en la casa de Pedro, Don se dio cuenta de que en todo ese tiempo que estuvo con él, se le despertaron sentimientos  que jamás habría creído poder llegar a sentir, así que muy entusiasmado, pensó  que lo justo sería confesarle  sus sentimientos. En un momento en el cual ambos se encontraban revisando unos cuadros, Don se confesó ante Pedro. 
Después de contarle acerca de sus sentimientos, Pedro se quedó impactado y sin poder decir nada. Don pensó que Pedro no tardará en irse para nunca regresar. No obstante, esto no sucedió, ya que Pedro  le confesó que él también sentía lo mismo. Al darse esta declaración, los dos decidieron empezar una relación pública.
Al día siguiente de que el país se enterase de la relación entre Dos y Pedro, empezaron a llover las críticas y la gente comenzó  a anular los pedidos de cuadros a Fierro.
Fierro perdió clientes, también el respeto que sus seguidores le tenían y  perdió gran cantidad  de dinero. Mientras transcurren los días, Fierro se fue quedando sin dinero y Pedro, al darse cuenta de que Fierro se estaba quedando en la ruina, decidió marcharse, diciéndole que, cuando se encontrase mejor, lo llamase para seguir con su relación. Fierro se quedó devastado porque no tenía el apoyo de nadie y no tenía dónde caerse muerto.
Perdió  absolutamente  todo lo que tenía, ya nadie lo respetaba e incluso ya hasta en la calle no lo reconocían. Por la forma en la que vestía, todos creían que era un vagabundo.
A los 60 años de edad, falleció Fierro. Aparentemente, la causa de su muerte fue viruela negra. Y así terminó, sin que nadie lo valorase ni reconociese.

(Por Angélica Armijos, de 4°3°)

martes, 6 de noviembre de 2018

La vida de Asterión (Gabriela Mantovani)


Intertextualidad con los cuentos leídos

Cuento: "La vida de Asterión"
(basado en "La casa de Asterión", de Jorge Luis Borges)

Asterión era un joven muchacho, de piel blanca, ojos color miel, pelo largo y castaño. No le gustaba usar ropa ajustada ya que sus gustos eran diferentes a los demás.
El joven vivía en una pequeña ciudad llamada 'Duravit', donde todos eran parecidos. No había persona que no se pareciera a los demás, en relación  con gustos de música, ropa y forma de vivir. Asterión  era la excepción a de todos ellos. Las personas de Duravit eran de pieles bronceadas, siempre con ropa ajustada, las mujeres con su cabello largo y los hombres con su cabello corto, siempre vistiendo prendas de marcar caras y nunca ropa de segunda mano.
En la escuela donde iba Asterión, siempre se burlaban de él, por ser tan diferente a toda la gente de esa ciudad, porque su piel no era de color bronceado como la de los demás y por saber hacer cosas que los demás no sabían. Una de ellas era tocar un viejo ukulele que le había dejado su difunto abuelo. Él amaba ese instrumento ya que era tan simple, tan delicado, tan hermoso. Su melodía lo relajaba de toda tormenta que pudiera estar pasando por su vida.
Su casa era de dos pisos, con grandes ventanales que siempre estaban cubiertos por oscuras cortinas que llegaban a rosar el frío suelo de esa casa. Tenía un gran patio trasero, lleno de grandes árboles, como si fuera un bosque donde uno se podría perder fácilmente. Esa era la parte favorita de Asterión, su bosque, en donde podía ser él mismo, sin que nadie lo juzgue, ni que nadie lo lastime ni lo moleste. Asterión, al ser una persona tan sola, tenía que buscar sus propias distracciones. Le gustaba correr por los pasillos de su gran casa vacía, dar vueltas hasta marearse y caer sobre el pasto. Le gustaba jugar a que lo busquen. A cualquier hora él podía jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y una tranquila respiración. A veces, cuando abría los ojos, el color del cielo se cambiaba y se tornaba de un color naranja. De tantos juegos que tenía, su favorito era el de el otro Asterión, fingía que iba a visitarlo y que él le mostraba su casa. Su parte favorita del recorrido era cuando le decía  “y ahora llegamos a mi patio”.
Sus vecinos creían que estaba loco, sus compañeros lo llamaban monstruo, le decían que él no encajaba en este mundo.

Asterión fue para su casa, se paró en frente del espejo de su baño, pero... él no veía a un joven,  veía un monstruo, un monstruo que no era ni lindo, ni tierno, ni simpático. Se veía como una bestia mística, con piernas como las de un toro, cabeza de toro, con una gran fuerza que nadie podría entender. Él era un minotauro, o por lo menos así se veía él. Cada vez que Asterión miraba su reflejo, lloraba, lloraba porque él quería ser aceptado como los demás, no quería ser mirado con los ojos de un monstruo.

Sus padres nunca lo quisieron, siempre lo trataron mal, nunca le dieron ese amor y cariño que debería recibir un niño. Ellos habían muerto en un accidente de autos cuando estaban volviendo a su casa de una gran fiesta. Asterión no se encontraba con ellos en ese accidente, ya que él estaba en su casa durmiendo. Por eso él siempre estuvo solo, nunca sintió el amor de alguna u otra persona.

Asterión se dirigía a su escuela cuando de repente escuchó un grito. Era uno de sus compañeros de escuela que como siempre gritaba para molestarlo y hacerlo sentir mal. 
-¡Eres tan raro, no entiendo porque sos tan diferente a los demás! Mirate, nadie te acepta, nadie te quiere. Estás solo en este mundo Asterión, y todo por ser diferente a los demás, das asco.
Asterión solo lo miró y llegó a responder:
-Está bien, lo siento.
Salió corriendo de ese lugar, con sus ojos llorosos, mientras escuchaba las risas despiadadas de todos los demás.
 Asterión, ese día, decidió no ir a la escuela, ya que sentía que su corazón estaba demasiado roto. Él solo se dirigió a su casa. Cuando llegó, fue a su baño y se miró en el espejo. Como siempre, Asterión solo veía su reflejo como un monstruo. Intentó mucho tiempo verse como una persona, pero no podía, no era lo suficientemente fuerte para hacerlo.
Asterión decidió irse de Duravit a un lugar muy lejos de todos, donde no haya nadie que lo pueda lastimar. Este lugar era casi un secreto, nadie sabía su ubicación, no sabían nada de ahí. En ese lugar había un gran laberinto donde él se podía quedar sin que nadie lo molestara. 
Empezó a sufrir una metamorfosis, sus piernas eran como las de un toro, empezó a crecerle pelaje por todo el cuerpo, unos enormes cuernos le salían de la cabeza.
En poco tiempo se empezó a transformase en minotauro, tal y como lo describían todos sus compañeros.

(Por Gabriela Mantovani, de 4°3°)

jueves, 30 de noviembre de 2017

"Berenice" (cuento de Candela Sanabria)

Consigna: 
Escribir un cuento en relación intertextual con los mitos leídos. En este caso, se escribió un cuento siguiendo el camino del héroe.

Berenice

(Candela Sanabria, de 4°3°)

El pueblo Sol Naciente fue creado por Benito, tatarabuelo de Berenice, porque su esposa le pidió una isla. Entonces él fue a recorrer, y encontró un lugar hermoso, con una fuente bellísima. Al ver que estaba algo destruida, se quiso quedar igual. Sentía que había algo especial. Como tenía una admiración por su esposa, llamó a la tierra “Aurora Sol Naciente”.

Benito, para quedarse con la tierra, pagó con secretos: se callaba si le daban los papeles de la tierra, aunque Berenice no supo qué secretos, ¡si Benito recién llegaba! Al pasar el tiempo, construyó un hermoso pueblo.

Al pasar los años, llegó otro hombre que creó otro pueblo llamado Terracota, pues no era muy amigable. 
Aurora y Benito tuvieron un hijo llamado Julián que luego de su padre quedó al cuidado del pueblo y fue muy bueno. Su padre, antes de morir, dejó su reloj (el cual siempre fue dado al que cuidaría el pueblo). 
Julián tuvo dos hijas con Zara, una chica que conoció en el pueblo: Lebrón y Aron. Lebrón quiso ir a ver unas tierras y creó su propio pueblo, que hoy es vecino de Aurora Sol Naciente. Su pueblo se llamó Cayfar. Entonces quedó Aron como el próximo cuidador del pueblo.

Aron conoció una bella mujer llamada Tomasa, que con su cabello lacio lo cautivó. Una vez que Julián envejeció, no pudo seguir cuidando el pueblo, y Aron lo cuidó.

Aron tuvo dos hijas: la mayor, Berenice y la menor, Zoe. Todo iba bien hasta que un día dieron la noticia de que Aron había muerto con un accidente de fuego. Quedó Berenice para cuidar el pueblo, ya que ella era la mayor.

Berenice despertó como un día normal: estudiar, andar en caballo, practicar con su espada o flecha, pero llegó el cartero, quien tocó la puerta que Berenice abrió. El cartero llevaba puesta una gorra y se la sacó. “Su padre ha fallecido”, le dijo. Cuando Berenice escuchó, se desplomó, cayó al piso. El cartero (que mucho no lo parecía, por cómo estaba vestido) le dio la mano. “Su padre me dio esto para usted”. Dijo para irse muy rápido y desaparecer. 
La noticia llegó a todo el pueblo y también a los pueblos vecinos (Tierra Colorada, Cayfar, Cielo Oscuro y Terracota). Lebrón estaba muy sorprendido, no podía creer que su hermano había muerto.

Berenice estaba en su cuarto, cuando vio lo que su padre le dejó: una carta con el reloj que él siempre llevaba.

Ahora que Julián falleció todos querían el pueblo y más con la fuente de la sabiduría, ya que al que se bautizara ahí le iría muy bien siempre, pero cualquiera no la podía usar, pues el que fuera malo la podría ensuciar.

Ahora que no había un hombre para cuidar el pueblo, todos lo querían, pero Berenice se levantó e hizo muchas cosas (ayudó a los más pobres, a los que necesitaban algo). Ayudó al pueblo para que vieran que era capaz de cuidar el pueblo.

La carta que le dejó su padre decía que ella quedaría a cargo y que cuidase bien su reloj.

Cuando ella estaba ayudando a alguien le hicieron una trampa. 
Hicieron creer que estaba haciendo algo malo.

Estaba en su habitación pensando y tenia el reloj, cuando empezó a tocarlo y de repente estaba en otro lado, estaba en una habitación oscura. Vio a su padre, hablando con el cartero mientras le daba la carta y el reloj para su hija, pero la casa estaba prendida fuego. entonces se fue. Berenice se había dormido y creyó que era un sueño.

Al otro día volvió a tocar el reloj y se dio cuenta  de que lo que vio el día anterior no fue un sueño. Por eso su bis bis abuelo había pagado con secretos.

El reloj tenía un tiempo de uso: solo se podía usar una vez al día.

Berenice entonces comenzó a ver por día lo que le sucedió a su padre y se enteró lo peor. Su padre no tuvo un accidente, sino que los gobernantes de los pueblos vecinos le tendieron una trampa, pero él lo sabía. "Cuando mandó la carta me dio su reloj (me pasó el reloj para que yo cuidara el pueblo)." Lo encerraron y lo quemaron. 
Berenice entrenó por unos meses para luchar contra los pueblos. Junto con su tío Lebrón fueron a combatir, primero al gobernante de Cielo Oscuro. Lo vencieron, pero él les contó todo y dijo que no había sido parte, que ellos le dijeron que era una reunión. Berenice lo verificó y era verdad.

Se unieron al gobernante de Cielo Oscuro, Raúl. Y fueron a combatir a las tierras de Terracota y Tierra Colorada.

Luego de vencerlos, Berenice fue como una heroína para el pueblo, porque los pudo vencer y traer nuevos gobernantes más humildes y demostró que una mujer también puede ser valiente y gobernar como un hombre.

lunes, 20 de noviembre de 2017

"Dédalo, el arquitecto" (relato de Ramiro Castillo, de 4°1°)

Consigna:
Escribir un cuento en relación intertextual con alguno de los mitos y leyendas leídos (en este caso, se escribió a partir del el mito  griego del minotauro)

"Dédalo, el arquitecto" (relato escrito por Ramiro Castillo, de 4°1°)


    Después de que Dédalo fue expulsado de España por la muerte de Talo, éste se dirigió a Inglaterra, donde la reina solo lo aceptó por sus conocimientos y porque el país se encontraba casi vacío de arquitectos.
     Dédalo comenzó su vida en Inglaterra como cualquier otro arquitecto, pero gracias a sus grandes obras y edificaciones logró llamar la atención de la reina. Ella le pidió a Dédalo que hiciera un lugar donde pudieran encerrar a un asesino y delincuente que estaba asaltando y aterrorizando a todo el país.
      El asesino era un hombre con muy buena compostura física, tenía el pelo rubio muy largo, varias cicatrices por la cara y por todo el cuerpo, y era muy inteligente. Asesinaba, aterrorizaba a la gente por diversión, era como un juego para él.
     Dédalo, con sus grandes conocimientos de arquitectura, logró crear un edificio que tenía paredes electrificadas, imposibles de romper por dentro, pero no por fuera. El techo no tenía ningún hueco por donde pudiera escapar el asesino. En el edificio había muchas habitaciones y pasillos por los  que, si entrabas, te podías perder. Por dentro, parecía interminable.
      Una vez terminado ese edificio, como el que no había otro igual, se encerró al asesino.

      La reina estaba tan impactada y complacida por el excelente trabajo que hizo Dédalo, que decidió no dejarlo ir nunca y utilizarlo para seguir creando maravillosas obras.

"La luz de Eco y el resplandor de Narciso" (cuento de Agustina Cortez)

Consigna: 
Escribir un cuento en relación intertextual con alguno de los mitos y leyendas leídos (en este caso, se escribió a partir del mito de Eco y Narciso)

"La luz de Eco y el resplandor de Narciso" (cuento de Agustina Cortez, de 4°3°)



Narciso queda huérfano a los pocos minutos de nacer, por lo que, en un acto de bondad, la luna, el sol y el viento lo acompañan a lo largo de su vida. Pero lo más interesante es que jamás lo hacen juntos.

Era la tercera mañana de la semana en la que el Sol esperaba a la Luna llegar. Nunca había sido de esta manera, siempre él se iba rápido y sin protestar, pero al oír los comentarios de la gente, quiso cambiar eso. Todos decían que la Luna era lo más hermoso que alguien alguna vez pudo haber visto, que sin pedírselo ella podía iluminar tu corazón, que enamoraba poco a poco a la naturaleza y que, sin duda, era alguien única. Ilusionado, el Sol se sentaba sobre las montañas y se pasaba así horas y horas aguardando. De todas formas, la luna jamás llegaba. En uno de esos suspiros lentos y aburridos, el Viento se le asomó.
– ¿Qué es lo que ocurre? No deberías estar aquí, la Luna ya ha de llegar.
–Sentado aquí hace horas estoy, en la espera de la Luna y su preciosidad.
–Ella no llegará hasta que tú te alejes hacia lo infinito.
Esas palabras hirieron al gran señor Sol, puesto que sus esperanzas de conocer a alguien potente como él cayeron. ¿Qué más podía hacer? Estaba claro que ambos, juntos, no podían estar. A pesar de todo, se elevó alto con la ayuda de un rugido proveniente del viento y se alejó hacia el más allá.
 Inmediatamente se asomó la Luna brillante y alegre saludando a todo ser bajo ella. Frente a sus ojos, en dirección al Ora, pasó a vuelo rápido Lirio. Llevaba en sus manos a una pequeña criatura que hace pocos días acababa de nacer, tan rosado de piel y cabello dorado tal cual sol. El viento, al verla, se desesperó, no podía dejar que la ninfa llegara al Ora sin el permiso del señor sol. Puesto que rugió tan de repente desnudando a los árboles, sorprendiendo a las aves nocturnas y haciendo caer a la pobre ninfa junto a su hijo directo al suelo. Desde ese momento, el niño quedó en manos de nadie. Solo la Luna sabe lo que realmente pasó.
Años pasaron y el pequeño, de nombre Narciso, maduró al par de una flor. Se veía con la cabeza alta llena de vigor, tan seguro de sus pasos y palabras, tan valiente y audaz para todas las tareas, pero de poca espina con las mujeres. La luna varias veces le aclaró que debía conseguir una esposa antes de llegar a su mayoría de edad, sin embargo, él no le prestó demasiada atención.
Días bellos se aproximaban y las ninfas estaban atentas a ello. Salían en comunidad a recorrer los hermosos bosques y siempre se encontraban a alguien para envolver en sus charlas interminables. Una vez, subieron hasta la más alta montaña para charlar con el Sol. Lo notaban algo distraído, veían que había días que se asomaba solo un poco o veces que ni siquiera lo hacía, realmente se preocuparon por él. Otro de esos días algo salió mal y una de las ninfas recibió una maldición. Eco era su nombre y eso todo lo decía, cada vez que hablaba con una persona tenía un problema que no podía controlar, se volvía loca y su desesperación era inexplicable. La maldición consistía en hacerle repetir lo que los otros decían, volverlos locos hasta que se cansaran de ella y ya no le dirigieran palabra alguna. Varios intentaron ayudarla, sobre todo el viento que muchas veces la alejó de personas que le harían daño si llegaba a hartarles. Sin embargo, ya nadie quería hablar con ella.
-
Otro día más en que el Sol quiso esperar a la Luna. Tan cansado estaba de oír elogios y comentarios que se quedó un día más para comprobar por él mismo si todo era verdad. Aunque, como siempre, la Luna no apareció.
-
Narciso salió a caminar una noche, algo cansado, recorrió gran parte del bosque con la vista de la luna por sobre él. En un momento sintió ruidos extraños detrás de él, los arbustos se movían inquietos, pero nada salía de allí. Intrigado y algo asustado preguntó:
– ¿Hay alguien ahí?
– ¡Aquí! –Respondió Eco alegre.
–No te escondas, vamos, acércate.
– ¡Acércate! –Ella otra vez.
–Quiero que estemos juntos. –La Luna, sorprendida, desde arriba soltó una bonita sonrisa: jamás había escuchado a Narciso decir algo así. Esperanzada, siguió analizando la escena.
– ¡Estemos juntos! –Repitió Eco alegre y salió de los arbustos con los brazos extendidos.
Sin embargo, Narciso dio pasos hacia atrás mientras escupía palabras que hirieron a la pobre Eco.
–Prefiero morirme antes de besarte.
– ¡Besarte! ¡Besarte! –El ruego de Eco no alcanzó, Narciso ya se había marchado.  
La Luna, decepcionada desde arriba, se alejó. ¿Qué debe tener una mujer para alcanzar el alma de Narciso?
-
La despechada ninfa siguió su vida sola en las cuevas más oscuras de las montañas. Ya no comía ni bebía absolutamente nada, estaba en absoluta tristeza.
– ¿Has visto a Eco por alguna parte? –Preguntó dudoso el Sol.
– Ha desaparecido, su voz me acompaña a recorrer los bosques de vez en cuando. –Respondió el viento con tristeza.
-
Por otro lado, sin importarle nada, Narciso siguió su camino alejando a cada mujer que se le acercaba. Algunas caían de tristeza, a otras no les importaba y hubo una a la que engañó con sus encantos y luego olvidó por completo. Ésta se enfadó mucho, tanto que invocó a Nemén, la diosa de la venganza. Y esta la escuchó.
La Luna, llena de amor y felicidad presente en la noche, no escuchó lo ocurrido y siguió su charla con las luciérnagas sin cesar sobre la fuente.
–Preciosa la fuente que crearon aquí, ¿alguna vez alguien la visitó? –Preguntó la Luna, y todas las respuestas fueron negativas. Jamás nadie la había visitado, pero, al parecer, esa sería una primera vez.
De lejos se asomaba Narciso. Guiado por Nemén se recostó junto a la fuente y dejó escapar un suspiro agobiado, giró sobre sí mismo y se encontró con alguien totalmente hermoso para su ser. Recibió un flechazo de amor inexplicable que ni la luna podía creer. Narciso intentó varias veces besar y abrazar al reflejo aunque le fue imposible, ya que esta se desvanecía.
La luna graciosa se despidió de las luciérnagas para darle el lugar al Sol, que al llegar se sorprendió al ver a Narciso y su estado.
–¿Está allí hace mucho?
–No mucho, pero estoy seguro de que se quedará allí por mucho tiempo. No perderá las esperanzas muy fácilmente, está loco de amor. –Respondió el viento.
Narciso rendido le reclamaba a dicho reflejo por qué no estaba con él en carne y hueso. Estaba totalmente loco, necesitaba tenerlo con él.
Luego de unos días, al fin sin fin, se dio cuenta de que era su reflejo aquella imagen, de que estaba cargado de ilusión y dolor.
Al cabo de unos días murió de tristeza y las dudas de su madre se quedaron en el aire.
Cuánta verdad contenía el Ora, cuánto poder puede tener y tendrá siempre sobre cada ser existente en la tierra.  

Dicen que en la nombrada fuente creció una flor amarilla delicada y bella, su apodo declarado era Narciso. 

sábado, 18 de noviembre de 2017

"Una tarde hermosa, una noche horrorosa"

Consigna: 
Escribir un cuento en intertextualidad con mitos y leyendas leídos en clase (en este caso, en relación con el género "leyenda urbana")

Una tarde hermosa, una noche horrorosa
(Cuento escrito por una alumna de 4°1°)

Era un domingo soleado y caluroso, no recuerdo bien de qué año, creo que 1995. Caminábamos en el campo con mi amado Jey. Era una tarde hermosa y romántica, caminamos hasta que llegó un momento en que no sabíamos cómo volver, estábamos perdidos. Ya estaba oscureciendo y no sabíamos qué hacer. Jey estaba asustado como yo. Decidimos seguir caminando. En un momento nos topamos con una casa, era enorme y muy hermosa. En ella se encontraba una pareja de ancianos. Eran buenos, nos dejaron alojarnos allí, pero  nos dijeron que ocurrían cosas extrañas.
Con Jey nos miramos sonriéndonos y dijimos: "¿Que podría pasar?". Cuando llegó la hora de descansar, en la habitación que estábamos había un ropero muy grande. Me daba un poco de miedo pero Jey logró  calmarme. Ese ropero tenía algo que no me gustaba. Jey me abrazó y rápidamente me dormí.
Cuando se hicieron las 03:00 am comenzaron a escucharse ruidos. No le di importancia y volví a cerrar mis ojos. Aunque no estaba muy tranquila, me sentía de alguna manera observada. La noche fue eterna.
Se hicieron las 04:00 am, cuando sentí que tomaron mi pie y me levantaron hacia arriba. Me desperté  rápidamente y Jey no estaba conmigo, estaba parado frente al ropero mirando hacia arriba. Me asusté, me levanté corriendo a buscarlo. Estaba clavado allí, en ese lugar, mirando hacia arriba,  no podía moverlo. De repente sentí un frío que pasó por detrás de mí. Fui corriendo hacia la puerta y los ancianos estaban ahorcados. No sabía qué era lo que había pasado. Comencé a gritar, estaba muy asustada. Regresé a la habitación junto a Jey y él seguía allí, estaba inmóvil. Decidí abrir el ropero para sacarme la duda que tenía. Cuando lo abrí se encontraba allí una niña de blanco, con pelo largo y color negro.
Salí rápido, me dirigí para la habitación de los ancianos. Ese cuarto estaba lleno de fotos de esa niña, era la hija. Comencé a buscar, no sé bien exactamente lo que buscaba, pero en un cajón encontré una carta que decía "SIENTO MUCHO HABER TOMADO ESTA DECISIÓN, PERO ES LO MEJOR. LOS AMO. MAMÁ Y PAPÁ".
Entonces deduje que la niña era hija de los ancianos. La niña se había suicidado y los ancianos, o sea, los padres de la niña, jamás la habían dejado descansar en paz. Jamás la habían dejado ir. Fue en ese momento cuando dije: "La habitación es de la niña, dentro del ropero están sus cosas". Fui de inmediato a la habitación junto a Jey y abrí una puerta del ropero. Dentro había como un santuario. "¡Eso era!", dije. Los ancianos no la dejaron ir, la convocaban todo el tiempo. Entonces, me paré frente a ella mirándola fijamente a  los ojos con las manos hacia atrás. Muy enfadada dije: "¡Ya te puedes ir, ve y descansa en paz! Y déjame a Jey".
 La niña fue desaparecido poco a poco y Jey fue recuperando la conciencia, también poco a poco. Ya estaba amaneciendo. Finalmente pude volver a respirar con tranquilidad. Creo que fui muy valiente.

Cuando Jey se recuperó, me abrazó y juró jamás soltarme. Nos fuimos de esa casa y prometimos jamás volver.

"Medusa, castigo injusto", cuento de Selena Álvarez

Consigna: escribir un cuento en intertextualidad con alguno de los mitos y leyendas leídos en clase (en este caso, se escribió en relación con el mito griego de Medusa)

Medusa, castigo injusto
(Selena Álvarez, de 4°3°)

Yo soy hija de Fosis Y Ceto, soy una gorgona, pero a diferencia de mis hermanas y el resto de las otras gorgonas, soy la única mortal y se puede decir sin dudar que soy la más hermosa. Tengo unos hermosos ojos verdes, una boca que enamora y seduce a cualquier hombre, piel tan bella y blanca como la porcelana y un cabello largo, sedoso y hermoso que causa la envidia de todas las mujeres que me ven.
Un día me desperté con ganas de salir a ver el sol y conocer nuevos lugares, luego me topé con una diosa, que según decían, era la más hermosa, pero yo sabía que si a ella la consideraban así pues yo soy el doble de hermosa que ella. Me comenzó a mirar con cara de asombro, refunfuño y siguió su camino, yo seguí con el mío.
Recuerdo que había pasado por un templo, el de Atenea, y decidí pasar a ver cómo era por dentro. Allí lo vi: un hombre alto, sonrisa hermosa y ojos que no dejaban de mirarme. Mi timidez me hizo voltear a ver hacia otro lado. Recorrí todo el lugar y ya estaba decidida a volver a casa. Cuando ya estaba saliendo de ahí me agarran la mano y en un susurro me dicen:  –Aguarda,  te veo aquí mañana al anochecer.
Esa noche no pude ni cerrar los ojos para dormir, pensando en sí iría  o no me atrevería. Después de todo no lo conocía, siquiera sabía su nombre. Me puse muy indecisa. Hasta ahora nunca había salido de mi hogar y si mis padres se enteraban, me matarían.
Paso rápido el día y llegó la  noche oscura y fría. Decidí ir. Pensé: “ ¿Qué puedo perder?¿Por qué no arriesgarme a una aventura ya que nunca tuve una?”
Me preparé. Me cubrí con una capa, y ocultándome de quien veía en el camino llegué al templo.
Ahí estaba él, esperándome. De inmediato lo vi, me acerqué tímidamente.
 –No pude dormir pensando en ti-dijo él. Lo único que deseaba era que pudieras venir ya que desde que te vi, me deslumbraste con tu belleza -exclamó .Se acercó imperiosamente a mí.
 –Soy Poseidón, dios del mar -dijo él.
Se me empezó a acercar y hostigar indebidamente, y yo iba retrocediendo  ya que comenzó a incomodarme, hasta que llegó un punto en el que trató de seducirme extremadamente y decidí irme. Pero cuando me quise ir me tomó por detrás, satisfizo su deseo en contra de mi voluntad.
No obstante a aquel suceso, Atenea(diosa de la pureza y castidad, entre otras cosas)se enteró, y se vio terriblemente ofendida,  sólo que no con Poseidón, sino  conmigo, ya que creía que yo era todo lo contrario a ella (deseo...carnalidad...voluptuosidad) y decidió castigarme.

De mi cabello hizo siseantes serpientes. De mis ojos, una intensidad tal que si los miras directa y fijamente, te vuelves de piedra. En sí, me había convertido en un monstruo, pero aun así, mi andar seguía siendo tan igual de provocador y sensual,  que hipnotizaba casi tanto como mi mirada.
Sin embargo, Atenea, aún inconforme, viendo que el castigo que me puso  no había tomado los tintes que ella esperaba, envió a Perseo, hijo de  Zeus, a que cortara mi cabeza. Muy ingenioso, usó su escudo para reflejarme y que no lo convirtiera en piedra y le dijeron que al venderme entregara mi cabeza a los dioses .Después de luchar con todas mis fuerzas, salió por detrás el reflejo de una espada que me dejó sin habla...



Y así yace la imagen de mi cabeza como escudo de la casta Atenea.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Cuento: "Una luz en el monte" (Lucas Corvalán)

Consigna: escribir un cuento en intertextualidad con alguno de los mitos y leyendas leídos en clase (en este caso, se escribió en relación con el mito griego del minotauro)

Una luz en el monte    
(Cuento de Lucas Corvalán, de 4°1°)                

Muchas veces no nos tomamos el tiempo para pensar qué hay más allá de nuestra vida, de nuestra realidad, de lo que vemos u oímos, qué seres vivos o espíritus nos rodean en la oscuridad.
Juan, en sus vacaciones pasadas, se encontraba en la casa de su abuela, una pequeña casa ubicada en el medio del campo, en el medio de la nada. Pasaba horas y horas despierto, escuchando cada susurro de la noche, que al llegar el amanecer desaparecían como por arte de magia. Una tarde decidió ir a caminar y se dirigió al monte. No tenía miedo, solo quería explorar. En un momento se dio cuenta de que había perdido el rumbo, y no sabía cómo volver. Siguió caminando hasta que cayó la noche, y al no poder regresar buscó un refugio. Era extraño, pero no tenía miedo.
Por un momento logró conciliar el sueño, hasta que de pronto un ruido lo despertó. No podía ver nada, ya que la copa de los árboles tapaba la luz de la luna; solo podía oír una respiración fuerte y agitada, tan cerca que podía sentir el calor de su aliento. Giró su cabeza y solo logró ver un par de ojos rojos en medio de la oscuridad. De pronto vio cómo los ojos se elevaban, como si el cuerpo de aquella criatura se hubiera incorporado. No podía moverse, no sentía temor, pero la sorpresa lo dejó inmóvil. En un momento, el cuerpo de la criatura se rodeó de luz. Era extraño, tenía el cuerpo de hombre y cabeza de toro, pero de tamaño excepcional; no era agresivo. Solo caminó unos pasos y miró hacia atrás, volvió a caminar y volvió a mirar, como esperando que Juan lo siguiera. Él comenzó a seguirlo, caminaron y caminaron, la criatura no emitió sonido alguno, solo irradiaba luz.
En un momento, entre la maleza se divisó una pequeña luz y la criatura, que le doblaba la altura, comenzó a desvanecer su luz y desapareció en la oscuridad. Al salir del monte, Juan reconoció el umbral de la casa y la luz era una vela en la mano de su abuela que lo esperaba preocupada. Jamás se atrevió a contar su experiencia. Hasta ahora. Porque...Juan...


                                     …soy yo.

Cuento "Efros y Zafranía" (Nazareno Rodríguez)

Consigna: escribir un cuento en intertextualidad con alguno de los mitos y leyendas leídos en clase (en este caso, se escribió en relación con la leyenda azteca "Los enamorados")

Efros y Zafranía
(Cuento de Nazareno Rodríguez, de 4°3°)

En una tribu había dos jóvenes muy enamorados, pero ellos no podían estar juntos. La muchacha llamada Zafranía, era la hija del cacique, y él era Efros , el mejor y más entrenado guerrero.Con la llegada de los españoles, el cacique, enloquecido y nervioso mandó a llamar a su mejor guerrero para que pueda dirigir al grupo.
Zafranía y Efros tenían un lugar muy alejado de la tribu, sobre el que nadie sabía nada, en ese punto ellos se encontraban .El cacique, cuando habló con Efros, le dijo:-Tendrás lo que quieras si guías a mis guerreros. Y Efros respondió:-Está bien yo me haré cargo, pero primero que nada, quiero la mano de su hija.El cacique lo pensó, no quería entregarle a su hija, pero lo hizo obligado. Al no tener ninguna otra opción, aceptó. Entonces respondió:-Yo te daré la mano de mi hija, pero tú tienes que volver victorioso.Cuando Efros partió en camino a la lucha, se despidió de Zafranía. Con los ojos llorosos, le dijo:
-Volveré a buscarte, volveré a quererte, te enviaré cartas cada día que no te vea, espérame y seremos felices.Mientras caminaban, los españoles ya estaban armados y escondidos, listos para atacar. El primer día de guerra, Efros escribió la primer carta diciendo:"Zafranía, amada mía , no sabes lo que te extraño , lo que sufrimos al saber que cada minuto es un guerrero menos . Quiero volver, verte, olvidarme de tanto dolor, tanto sufrimiento y tanta maldad, ya volveré y seremos felices"  Efros.Efros estuvo una semana luchando, y ocupándose de escribir, de que cada día Zafranía tenga su carta prometida. En la semana mandó al joven más chico a la tribu, de solo 16 años de edad. Cuando lo mandó de nuevo a la tribu le encargó las cartas, pero en el camino se encontró con un guerrero español. Por no saber pelear, cayó muerto a los pies de este sujeto.Zafranía estaba angustiada porque las cartas que le había prometido su amado no llegaban.En un momento fue tal la escasez de guerreros indígenas que muchos empezaron a rendirse y se escaparon hacia la tribu en busca de más guerreros. El primero en llegar fue un guerrero llamado Blascar. Zafranía, alterada le preguntó:- ¡¿Y Efros?! , y él se quedó callado.Zafranía con un nudo en la garganta, y sus ojos llorosos, decidió emprender el viaje para encontrarse con Efros, entonces fue en busca del guerrero Blascar y le insistió para que fuera a luchar por su pueblo, pero él le respondió:-Yo no puedo morir, tengo una familia acá. Entonces le respondió:-Yo me haré cargo de tu familia si te llega a pasar algo. Al final lo convenció.En el viaje se separaron. Él fue por un lugar lleno de plantas, era mucho más largo pero había menos posibilidades de encontrarse con un español, y ella fue por el camino que recorrieron los guerreros de su tribu. En el camino, Zafranía se encontró con un guerrero español, que la sorprendió por la espalda, la apuñaló varias veces y la dejó agonizando en el sueloLuego de varias horas, el cacique notó que faltaba su hija y comenzó a gritar:-¡Por favor, busquen a mi hija!Después de unos días, una anciana encontró el cuerpo yacente y manchado de sangre, comenzó a gritar hasta que un muchacho corrió buscando de dónde provenía ese grito desgarrador. Se encontró con una anciana y con Zafranía muerta. La cargó en sus hombros y la llevó hacia la tribu. Cuando llegó, el cacique, desconsolado, comenzó a llorar.Efros estaba cansado. Al final llegó un momento en que quedó solo con otro guerrero, y le dijo:-Volvamos, ya no podemos más.Cuando llegaron a su casa los recibieron tristes, con el cuerpo de Zafranía. Él la miró y dijo:-¡No, no puede ser! Y preguntó: -¿Qué paso?Con los ojos llorosos le respondieron:-No sabemos. La encontramos a unos minutos de aquí, su cuerpo estaba todo ensangrentado.Desconsolado, Efros cargó en sus brazos el cuerpo de ella y salió corriendo a su lugar secreto. Con los recuerdos pasando por su mente comenzó a llorar. Había perdido al amor de su vida, y se culpaba diciendo:-Si yo hubiera estado allí con ella, esto no habría pasado.
Triste y destrozado por dentro, se recuestó con ella, y recordó una vieja historia que contaba acerca de lo que había debajo del volcán Elsker . Había algo más que solo lava, había un lugar hermoso, sin dolor, sin tristeza, un lugar bellísimo.
Efros agarró el cuerpo de Zafranía y se lanzó diciendo: "Quiero estar junto a ti para todo la eternidad"Cuando se tiró, sintió dolor, tal vez el peor dolor que existió, pero llegó un momento en que se durmió y dejó de sentir. Luego despertó, en un lugar que no era debajo del volcán sino que era el Paraíso.Zafranía despertó con sus heridas, pero sin dolor. Luego despertó Efros y ella le dijo: "Te esperé como dije. Ven, vamos a ser felices juntos."

El gran cambio (Bautista Fusto)

Cuentos de ciencia ficción El gran cambio    24 de octubre de 2013.Buenos Aires, Argentina Día nublado. Seguramente llueva. Caminaba...